lunes, 9 de septiembre de 2013

No cruces esa puerta

Quedate ahí
No te acerques más
No cruces esa puerta

Dejame ahí,
en ese lugar donde soy
linda-inteligente-divertida

No intentes conocer nada más
No descubras
que duermo más que lo normal
que sueño y planifico absurdos
que en invierno no me depilo

Quedate ahí
¿Para qué querés avanzar más?
¿Para qué querés cruzar la puerta?

Dejame ahí,
detrás de ese vidrio
donde no sentimos ni sufrimos

No intentes conocer nada más
No voy a entregar
lo que soy detrás de bambalinas
lo que soy cuando estoy sola
lo que no quiero que conozcas

lunes, 26 de agosto de 2013

El camino ya trazado

El tiempo es el susurro de un sueño en el silencio de ser
El amor es un reloj que miente bien
Bien atemporal te deja en unlugar
Un lugar puede ser el grito inmóvil del encierro
Un oído ajeno es el reclamo de un castillo
El castillo es el brillo de las palabras bien amasadas
            ¿Bien amasadas significa sin tambalear?
Tambalear es reprimir una mochila de palabras
Las palabras son las flores de los límites
Los límites son los dueños de la irresponsabilidad
La irresponsabilidad es la alienación de querer ser compañera
            Ser compañera es ese circo que arma el desconcierto de la novedad
La novedad es la confirmación de que estamos vivos
El tiempo de descuento es la esperanza de correr riesgos
            Correr riesgos es encerrarme en mí misma para poder liberarme
Liberarme es ser la poesía de un cuerpo que me apasiona
            Me apasiona el impacto de un carácter que me enloquece
                        Me enloquece ser tan chiquita en la soledad
La soledad son los labios oprimidos y las penitas endógenas
            Las penitas endógenas son rimas que callan
                        Callan un castillo
                                   El castillo es lo de arriba
Lo de arriba es este no saber ser, lo de abajo es esta falta de respuestas
            La falta de respuestas son mis propias preguntas
Mis propias preguntas son este camino teñido del ser
El ser es la definición del absurdo
El absurdo es olvidarse de aprender, y aprender a recordar
                                    Recordar que tengo miedo
El miedo es el color de la oscuridad
            La oscuridad es el alma del gran verdugo

El tiempo es el susurro de un sueño en el silencio de ser

domingo, 21 de julio de 2013

Separarse es como dejar de fumar
Es como pensar en el infinito
Es saber que nunca, nunca más

Vas a besar a ese cigarrillo

domingo, 30 de diciembre de 2012

"Porque amar era una posición ideológica"



En aquel entonces, la política entraba en todos los aspectos de la vida, incluyendo en las parejas. Yo tenía romances informales, estilo pareja abierta. Hablábamos más de política que de amor. Fulano está en pareja con fulana, se decía, pero cada uno vivía en su casa y nos encontrábamos en casas prestadas ara dormir juntos y pasar un fin de semana. Siempre ahbía una casa disponible. También nos escapábamos mucho a San Martín de los Antes. El plan turístico terminaba siendo el encierro en un hotelito. Cuando la relación se asentaba, al gacerse reconocida, la compañera pedía un cierto respeto. Y el compañero debía comprender que s no era respetuoso con la mujer, no podía seguir transitando ese camino. En ese momento, si se produjo un respeto por la mujer también fue porque la muejr buscó en la militancia un plano de igualdad. No había distinción de sexos para las responsabilidades. Esa situación desconcertaba al enemigo. Cuando las primeras compañeras asaltaban un banco, los policías no se esperaban que las mujeres fueran de armas tomar. Y menos andar tiroteándose con ellas. Se alteraba el concepto de belleza de la burguesía. Pero también a nosotros, los compañeros, nos desconcertaba este cambio. Empezamos por encontrarle un beneficio a la relación de igualdad. Porque en todas nuestras relaciones lo que primaba era una búsqueda de afecto. Discutíamos una frase del Mayo Francés: “Cuanto más hago la revolución, más hago el amor. Cuanto más hago el amor, más hago la revolución”. Qué pasaba con esa consigna. La práctica militante, la práctica política estaba cargada de un erotismo que se oponía a la pornografía, opuesto también al oscurantismo. Nos sal+íamos de  la versión tanguera del amor. No sé si se salió a fondo, porque después se demostró que esto era irreversible. Pero después nos parecía que estábamos saliendo, y la palabra “compañera” era una palabra fuerte. Cuando uno se metía en la vida de otro, cuando uno veía que un compañero producía algún daño en la relación afectiva, era profundamente cuestionado. El daño que producía tomaba estado público. Si con tu pareja te agotaste, decíselo. Por qué no cortás. Porque mientras el otro tiene ilusiones, va a sufrir. Y si vos estás convencido de que no va más, planteaseló.
Me acuerdo lo que criticamos a un compañero que le había dejado una marca en el cuello a una compañera. Más que como compañera la trataba como el estanciero trata a una vaca. “¿Por qué le marcás el cuerpo?”, lo cuestionamos. “¿Le preguntaste si quería?”. También: “¿Y si ella no quiere, por qué tiene que ostentar la marca tuya?” Había una yerra en eso.
Se trataba de un aprendizaje en relación al otro. Se disfrutaba mucho, pero también se sufría. Aunque sabíamos que no existe la completud ideal, la buscábamos. Pasábamos por frustraciones, estados dolorosos. Lo valioso fue que se buscó el respeto y en producir el menor daño en una relación amorosa. Porque daño siempre hubo, hay y habrá, pero puede ser siempre menor. Lo que intentamos cambiar fue el concepto de amor y hacerlo más amplio: amor era tener parte en la militancia, amor a un pueblo. Amar a una persona del sexo opuesto era bastante más que desearla.
Lo que yo venía haciendo era “usar” el cuerpo de la mujer. Hasta que descubrí las potencialidades del cuerpo, descubrí el erotismo en armonía con los sentimientos políticos, porque amar era una posición ideológica.
Al recuperar la relación con el cuerpo, encontré ahí algo que me serviría al caer en cana. Escuchando  el cuerpo, este cuerpo que me tocó en la repartija, que es único. Y no tiene recambio. Tengo que cuidarlo porque es el soporte de mi inteligencia y el soporte de mi placer. Yo lo tengo que cuidar. De la importancia del cuerpo me acordaría durante la tortura. Cuando después de torturarme, me llevaron la primera noche a la cárcel, me acosté todo dolorido. En la celda había un colchón y un trapo, una especie de manta. Al acostarme pensé: “Hasta ahora aguantó. Pero, ¿cuánto más va a aguantar? Yo dependo de este cuerpo”.

Orlando "Nano" Balbo

miércoles, 22 de agosto de 2012

Autobiografía literaria


La historia de mi -aún corta- vida es bastante simple y previsible. Mamá Sandra, papá Carlos, hermana Julieta, amigos y amigas muchas, novio uno, por ahora. Y sin embargo, presentarme a través de la lectura y la escritura, parece ser una linda forma de ponerle color a la simpleza y previsión.
Un siete de enero de 1994, en el barrio de Villa Crespo, mamá y papá escribieron una letrita minúscula que decidieron llamar Paula. En estos tiempos en los que trato de convertirme en una adulta mayúscula, sigo viviendo en el mismo barrio y en la misma casa. Dieciocho años plagados de letras, de palabras que hacen ruido y dibujan caminos. Dos carreras para ser narradas en forma de cuento o poesía: profesorado de primaria y profesorado de Letras.
En la infancia, empecé a consumir libros como todos: llegaban a mis oídos desde la boca de mamá. Me recuerdo sentada frente a ella, escuchando Manuelita, ¿adónde vas?, investigando los dibujos del libro para guiar mi imaginación. Aprendí a leer mientras mi hermana, tres años mayor que yo, me usaba para jugar a la maestra. Teníamos un pizarrón de juguete con el que ella trataba de alfabetizarme; y un día, lo logró: pude unir algunas letras y leer una palabra. A mi madre le llegó la noticia cuando, sentadas en la sala de espera del pediatra, pregunté: “Mami, ¿qué significa toilete?”.
Y entonces dejó de ser ella en voz alta la que me contaba las historias, y empezaron a ser mis propios ojos penetrando el papel. El primer libro que leí entero y por mi cuenta fue Harry Potter y la piedra filosofal, a mis seis años de edad. Me tomó once largos meses llegar a la última página, y todavía recuerdo la satisfacción del momento en que lo terminé. A los nueve años una amiga de mi papá, me regaló un libro titulado Completamente embrujado, de Christian Bienik. Marcó el inicio de un gran año de lectura intensa, primero por autores alemanes y austríacos desconocidos y poco ubicables de este lado del océano, y luego por clásicos argentinos de literatura infanto-juvenil. Fue el año de la separación de mis padres y de muchos cambios en mi vida, en el que los libros fueron mi refugio y compañía. Entonces había una librería Nadir en Canning y Corrientes, dentro de la cual funcionaba un bar. Mi mamá me dejaba ahí por un par de horas, yo me sentaba en una de las mesas, pedía una coca, tomaba un libro y me ponía a leer. Al poco tiempo la mujer que atendía la librería me echó y le prohibió a mi mamá que me dejara de nuevo leyendo algo que no iba a comprar. Es que el mercado es así: para ellos, libros y billetes son la misma cosa.
Más adelante, cuando tuve once o doce años, vino el tiempo de las transiciones. Y de la misma forma en que pasé de escuchar Avril Lavigne a incursionar por Los Beatles, quise pasar de Ana María Shua a Cortázar. “Final del juego” fue el primer cuento que leí. Con mi mamá, acostadas en su cama, un párrafo cada una, y luego lo comentamos al final. Después, llegó a mis manos “Deshoras” y me enamoré perdidamente. Por supuesto que a mis tiernos once años la lectura que hice fue simple y chata, pero eso es lo maravilloso: que cada vez que lo releo descubro algo nuevo, le imprimo otro sentido.
Mi adolescencia es la Rayuela de Cortázar. La primera casilla llegó a mi vida cuando tenía catorce años; el cielo lo toqué recién el verano pasado. Pero esta vez no fue como con Harry Potter: esta vez fue una elección hacer que el libro durara tantos años. Dosificar la lectura era mantener la ilusión de que nunca se terminaría. Leía por temporadas hasta un determinado momento en el que hacía una pausa, y retomaba meses después. Pero mi colegio secundario también estuvo signado por un nuevo mundo al que entré –y que todavía mantengo-, que es el de la militancia. Entonces pasaron por mis ojos libros de política, libros rojos, libros con estrellas, libros de liberación, libros que no eran literatura, literatura que hablaba del cambio social, e incluso libros que hablaban de libros. Será a causa de mi latinoamericanismo, que por esos tiempos llegaron Galeano, Benedetti, Soriano, Walsh, pero mis únicas lecturas extranjeras fueron las que me mandaban en el colegio.
También probé con explorar otras artes a lo largo de mi vida: música, teatro, tango, plástica. Por todas pasé por lo menos mediante algún curso corto. Y sin embargo, las letras fueron más fuertes. Al cabo de un tiempo como lectora, descubrí que las palabras no sólo sirven para consumirlas, sino que con ellas también se puede escribir. Moldearlas, amasarlas, deformarlas, combinarlas, dibujarlas, cantarlas, armar inmensos castillitos de palabras. Y en esa esquina del arte me quedé. Para desahogarme, para contar lindas historias, para inmortalizar lo vivido, para hacer regalos, para gritar injusticias, mi materia prima pasó a ser la palabra. Supe que era mi vocación, que quería que las letras se apoderaran de mi futuro, que se apasionaran con mi destino. Pero no podría dedicar mi vida a encerrarme sola en un cuarto a escribir, a publicar crítica literaria para un público reducido. Sería demasiado egoísta dedicarme a una ocupación tan individual. Fue entonces cuando salió a flote mi segunda pasión –que ameritaría todo un relato aparte-, la que le daría el sentido social a mi interés personal: la docencia. Si bien pude sintetizarlas el profesorado, las letras y la docencia mantienen una relación bastante tensa en mi vida: nunca se sabe qué pasión prevalece sobre la otra.
Me quedan muchos libros por leer, muchas historias por redactar, muchas palabras por escuchar, muchas letras por enseñar. Me quedan muchas preguntas por responder y muchas otras por preguntar. Hasta acá, el relato de mi vida; de ahora en más, a seguir escribiendo.

martes, 8 de mayo de 2012

Inmortalizar lo vivido

"Hablamos, nos graban, secretarias diligentes escuchan nuestras frases, las depuran, las transcriben, las subrayan, extraen una primera versión que nos presentan para que limpiemos de nuevo antes de entregarla a la publicación, al libro, a la eternidad.

¿No acabamos de asistir al aseo de un muerto? Embalsamamos nuestra palabra como momia, para hacerla eterna. Porque tenemos que durar un poco más que nuestra voz; estamos obligados, por la comedia de la escritura, a inscribirnos en alguna parte."

(Roland Barthes)

martes, 24 de abril de 2012

2 - Sonsos


El humo se desvaneció en la habitación y el cigarrillo de Amanda se encendió con otra pitada. Inclinó su cuerpo contra el respaldo de la cama y miró fijamente hacia adelante mientras fumaba. Simón le apoyó la cabeza sobre su torso desnudo. El pelo morocho le caía hasta la cintura, y él se divertía enroscando y desenroscando sus dedos con las puntas florecidas que estaban como azotándole el cuello. No se oía más que el cigarrillo contra el cenicero y el pelo en los dedos.
- ¿Por qué? -pudo al fin decir Amanda.
- ¿Por qué qué?
- Por qué todo -Amanda dejó salir el humo por la nariz, le clavó la mirada y supo que a Simón le pesaba. Él se incorporó, la agarró de la cara, le hundió las manos en el pelo, la miró profundamente en los ojos.
- ¿Cada vez que estamos juntos te vas a preguntar lo mismo?
- No, no te preocupes que cuando estoy sola también me lo pregunto -respondió burlonamente Amanda, sonrisa cálida de por medio. Simón la besó, sus manos ya estaban perdidas en esa maraña de pelos, la besó otra vez, y otra, besos cortos y precisos, y entre tanto sonrisa cálida.
- Sonsa...
Amanda callaba. Miraba hacia otro lado, fumaba, sentía una boca húmeda en el cuello, se hacía la indiferente, apagaba el cigarrillo, se incorporaba, se sentaba en la cama, sentía una mano en su panza, una mano que la tiraba hacia el centro de la cama, hacía fuerza para adelante, se levantaba de la cama, decía dejame, se acercaba a la computadora, quería poner música, ponía Los Piojos, volvía a la cama, se sentaba, se acostaba, se tiraba sobre Simón, decía yo no te quiero nada a vos, escuchaba yo a vos tampoco, qué bueno que nos sinceremos, lo besaba, sentía una mano recorriendo sus muslos, lo soltaba brutamente, te dije que no te quería, yo también te dije que no te quería, sonsa, sentía un beso en la mejilla, otro más, ahora bajando, en el cuello, en un hombro, en la espalda, en la nuca, en el cuello, en la boca, se reía, no me digas más sonsa, volvía a acostarse, ahora boca abajo, y en serio no te quiero nada.
- Tus labios de seda, son la luz de mi condena -cantaba Simón mientras miraba para adelante, como si no le importaran las palabras, ni los besos, ni nada-... ¿Ya no te gusta que te cante, negra?
- No, porque cantás mentiras -respondió Amanda desde abajo de la sábana.
- ¿Mentiras...? ¿Qué querés decir?
- Ya te conozco -se incorporó sosteniéndose con sus manos hundidas en el colchón y sus brazos extendidos-, ahora empezás diciendo no sé qué de mis labios, después vas a seguir con cuánto tiempo más tendremos que esperar, y después sos la llave hacia otro lado, y así todo el tiempo. Pero en realidad no sentís nada de eso.
- ¿Y vos qué sabés que siento yo? -la miró desafiante.
- Ay por favor, Simón. Si sintieras todo eso las cosas hoy serían distintas.
- ¿Y cómo serían, a ver? -truco-. ¿Cómo te gustaría que fueran las cosas? -cantó el re-. Explicame porque ya no lo entiendo... -vale cuatro.
- No sé -dijo enojada, no sabía bien con quién-. Por lo pronto no estaríamos teniendo esta discusión -añadió siendo esto lo único que le ocurrió, no podía decir qué era lo que en realidad quería.
- Esta discusión la empezaste vos, te recuerdo...
- Claro, ahora estamos entrando en la etapa en la que la culpa de todo es mía, ¿no? -interrumpió irónica-. Pero si te conozco de manual a vos... "Todas las discusiones las empezás vos, ¿no te das cuenta?", "Pero si estamos bien nosotros, ¿qué más querés...?", "Ah, así que querés que te escuche, ¿qué más? ¿que te quiera, decís...? ¿Y eso cómo se hace?"...
- Mirá, Am -interrumpió indignado-. Yo te quiero, ¿sí? Primero, antes que nada -se detenía, no sabía muy bien cómo hablar-. Que quede claro eso, que te quiero mucho, que sos importante para mí -miraba para otro lado, de nuevo a los ojos, de nuevo se perdía-. Y la paso muy bien con vos, ¿vos no la pasás bien conmigo...? -silencio-. ¿Eh...? Contestame, sonsa...
- Te dije que no me dijeras más así.
- Bueno, tonta, bobita, linda, loca linda, ¿cómo querés que te diga?
- Amanda.
- Bueno, okey, Amanda. ¿Vos no la pasás bien conmigo?
- Qué se yo, pero eso qué tiene que ver... No me mezcles las cosas, no me confundas.
- No te confundo, Am... Pero es que no nos entendemos. Hay como una barrera en nuestra comunicación. Yo no sé muy bien qué es lo que vos esperás de mí, y vos no sabés cuánto te valoro yo...
- ¿No sabés qué espero de vos?
- O sí lo sé, pero no entiendo muy bien cómo se hace...
- O no querés saber nada.
Simón no supo decir nada. Un silencio se produjo después de tantas palabras tiradas al techo como si nada, casi sin pensar en lo que se decía, en cómo se decía, casi sin pensar en nada. De fondo sonaba la voz de Ciro, Vine hasta aquí / para poder abrazarte y sentí / que ya tus brazos se niegan a ir / hacia los míos lentos.
- No sé para qué vine -dijo Amanda.
- Viniste para estar conmigo, para que estemos juntos, ahora de repente no digas que no la pasamos bien, negra.
- Sí, pero creo que ya me quiero ir.
Simón suspiró y hundió su cuerpo cansado en los almohadones. Amanda se vestía sentada en los pies de la cama. Voy a mentir / cuando les diga que ya superé / que nunca hubo dolor en mi piel / que nada tuyo existe, nena, no. Silbaba, tarareaba y entre tanto largaba una palabra. No se volteaba para mirarlo, le daba la espalda mientras se subía drásticamente el jean, y se volvió a sentar. De pronto tuvo la cara de Simón en sus rodillas, le dijo: "No te vayas, linda, hablemos", no sabía cómo había hecho para moverse tan rápido, pero no, no quiero hablar más, me cansa hablar, pero esuchame, son... escuchame, negrita, escuchame, si no tenés nada para decir, qué hablas, me vas a decir las mismas cosas de siempre, y lo que más me molesta no es que me digas siempre las mismas cosas, lo que me molesta es que es lo mismo que le decís a todas, uy ya empezás a decir pelotudeces Amanda, qué pelotudeces gil, dejame pasar que me quiero ir, vení acá, hablemos, no, primero pensá y después hablamos porque si no terminamos en lo mismo boludo, me voy, en serio, me voy, no, no Simón, no empecés, ya sabés que me da cosquillas eso, no, no, dale, me voy, no, basta, en serio, en serio, ay, no, así no, pará, me estaba yendo yo, no, no me voy a quedar una mierda, qué hacés, ¿otra vez?, no, éste es el corpiño difícil, te ayudo, qué bobo que sos eh, no me gusta que me digas sonsa, no sé, me parece que me subestimás, yo no me lo merezo y lo sabés, no, tierno no es, y en realidad yo no me merezco nada de esto, basta con las cosquillas, te estoy hablando, ¿me estás desnudando para que salga así a la calle?, porque mirá que ya me voy, sí, me voy, y la gente me va a gritar cosas por la calle, ¿qué?, ¿a dormir?, estás loco vos, estás totalmente loco, loco lindo, tan lindo, estás re loco chabón, salí, loco, bueno, está bien, bueno, me quedo.

Siempre cambiante, pero siempre igual / Solita, hermosa y distante...

martes, 13 de marzo de 2012

La cueva de mi amor

Es la cueva de mi amor
de paredes blancas
con posters alrededor

Un reloj miente bien:
a cualquier hora del día
marca las seis y diez

Las persianas están bajas
y nosotros encerrados
no vemos que la tarde se raja

Todo el tiempo atemporal
es la cueva de mi amor,
todo el tiempo el tiempo se va

Me ahogo, lloro y pataleo,
me angustio en esa cueva
y sé que no es nada nuevo

En la cueva de mi amor
mi amor permanece inmóvil
pero otro día se consumió

En la cueva de mi amor
mi amor permanece inmóvil
pero no vio ni un rayito de sol

jueves, 8 de marzo de 2012

par de acción reacción

decime que no te pertenezco
y entonces te invadiré
apartame de tu lado
en tu intimidad me meteré

echame de tu casa
y me verás tocando el timbre
no importa cuánto tiempo
pero a tus pies
pero a tu merced

soy un par de acción reacción
cabeza dura y obstinada

no es fácil deshacerse de mí
(no te aproveches)

jueves, 19 de enero de 2012

Y eso era todo

"En esos años del cincuenta y tantos empecé a sentirme como acorralado entre la Maga y una noción diferente de lo que hubiera tenido que ocurrir. Era idiota sublevarse contra el mundo Maga y el mundo Rocamadour, cuando todo me decía que apenas recobrara la independencia dejaría de sentirme libre. Hipócrita como pocos, me molestaba un espionaje a la altura de mi piel, de mis piernas, de mi manera de gozar con la Maga, de mis tentativas de papagayo en la jaula leyendo a Kierkegaad a través de los barrotes, y creo que por sobre todo me molestaba que la Maga no tuviera conciencia de ser mi testigo y que al contrario estuviera convencida de mi soberana autarquía; pero no, lo que verdaderamente me exasperaba era saber que nunca volvería a estar tan cerca de mi libertad como en esos días en que me sentía acorralado por el mundo Maga, y que la ansiedad por liberarme era una admisión de derrota. Me dolía reconocer que a golpes sintéticos, a pantallazos maniqueos o a estúpidas dicotomías resecas no podía abrirme paso por las escalinatas de la Gare de Montparnasse adonde me arrastraba la Maga para visitar a Rocamadour. ¿Por qué no aceptar lo que estaba ocurriendo sin pretender explicarlo, sin sentir las nociones de orden y de desorden, de libertad y Rocamadour como quien distribuye macetas con geranios en un patio de la calle Cochabamba?"

JCor.

viernes, 6 de enero de 2012

El Norte

El norte tiene tus colores
Son colores de belleza,
de belleza con pendiente
que te invita a escalar
A subir o a bajar
pero a moverse, mierda!
A moverse entre relieves que
nos convidan con maravillas
porque ellos no son como
esa llanura, monótona y aburrida,
no. Ellos tienen tu color

El norte sabe a vos
Sabe a nuestros sueños compartidos,
o a mis sueños con vos
Sabe a tu paz y serenidad
y al silencio de disfrutar

Estás en todos lados, acá en el norte
En especial estás en ese sol
que pega tan fuerte y me alegra tanto la vida
Me despierta a la mañana en la carpa
Me quema la piel al mediodía
Y se va ocultando hermoso al atardecer
Los incas le decían Viracocha,
para mí se llama Nicolás

El sol tiene tu cara y resplandece a lo lejos
como seguro estás resplandeciendo vos
en algún lugar al que no puedo llegar
Lejos, como el sol estás lejos
Pero yo te miro desde acá,
sentada en los Andes,
acostada cuesta arriba te contemplo
Escalando hasta mis objetivos
y apunándome en el intento


Pero para eso vine acá
Para dejarte en la montaña
que tiene tus colores y tu sabor
Vine hasta vos para dejarte con vos
Acá te voy a dejar
aunque sepa que nunca te vas a ir del todo
y que en el fondo siempre vas a estar
iluminándome
Te voy a dejar porque ahora,
ahora me voy a ir a buscar,
con la brújula oscilante de mis impulsos y deseos,
mi propio Norte

miércoles, 23 de noviembre de 2011

jueves, 6 de octubre de 2011

Términos y Condiciones para Amar a la Mujer Rota

1) Si me va a amar, ámeme a toda mí. No soy pedazos de tiempo, soy un combo completo. No es posible seleccionar algunas partes y desechar otras, y tampoco existe la opción de "Agrandá tu combo" por dos pesos. Soy lo que soy, lo que me sale ser, y si todo eso no lo enamora, simplemente no fuerce el enamoramiento y aléjese.
2) Nunca pero nunca, me diga que soy la mejor en algo (es el error que viene cometiendo mucha gente en mi vida, y por lo que cargo con la cruz de las sobreexigencias y las frustraciones). En todo caso dígame que, para usted, soy la persona más especial, pero que allá afuera soy una más.
3) Nunca corte el hilo de mis ambiciones. La vida para mí es encontrar objetivos y correr tras ellos. Si me pone palos en la rueda, o bien me deja sin objetivos -y sin vida-, o bien las cosas empiezan a andar mal entre nosotros. Acompáñeme en mis elecciones, aliénteme y míreme desde el puente.
4) Ábrame de par en par las puertas de la confianza. Y manténgalas abiertas desde el comienzo hasta el final. No es fácil para mí hablarle a los demás sobre mí: demuéstreme que le importa que le hable de mí, pregúnteme, indague, siéntame, descubra. Y entonces sí voy a hablar, entonces sí voy a deslizar las palabras por mis labios ¡y ya no habrá nadie que me pare! Ese día será el día en que sienta que empezamos a confiar en nosotros.
5) Cuando hablo de las cosas que no sé hacer, entienda que es algo que me cuesta. En consecuencia, no se burle de mí; sólo hágame entender que "está todo bien", que algún día voy a tener que aprender a reirme de mí.
6) No me censure nunca, déjeme ser. Cuando me ponga a cantar a los gritos una canción de Cristian Castro, cuando tenga ganas de dormirme mirando Tom y Jerry, cuando baile sola y como una loca en medio de la cocina algún tango que me gusta mucho, cuando me ponga a correr en la vereda, cuando le sintetice el análisis que me surgió determinado texto... Respete mis impulsos y no los reprima: recuerde que a ellos también los tiene que amar.
7) Sé que puedo parecer fuerte y dura, pero le aseguro -y lo digo por experiencia propia- que si escarba un poquitito se encontrará con una Yo tierna y débil. Aproveche la ternura, porque cuando me entrego, me entrego en serio; pero nunca se aproveche de mi debilidad, no me haga creer que ésa soy yo para su conveniencia: yo soy la fuerte y dura, sólo que a veces el tiempo me pone blandita.
8) No quiera conocerme de una vez y para siempre; no se dé a conocer de una vez y para siempre. Conozcámonos por etapas, como si fuéramos dos cebollas, vayámonos sacando capa por capa sin apuros, disfrutando de cada una. Y guardemos siempre el centro (que llamaremos "intimidad" o "privacidad") para cuando estemos seguros de que eso también lo queremos entregar.
9) No intente esconderse detrás del orgullo, conmigo el orgullo ajeno no funciona: el propio siempre le gana. La palabra que más me gusta escuchar de otro es "Perdón", no sólo porque me lo dicen sino porque así también me enseñan a decirla.
10) No deje que lo quiera cambiar. Si algún día empieza a percibir eso, use estas palabras: "No intentes cambiarme", y entonces voy a saber que tendré que buscar otra forma de entrarle.
11) Póngame en mi lugar si le llego a faltar en algún momento al respeto, de la forma en que sea. A veces me voy de mambo y lo sé, pero si me lo hace notar, ¡juro que puedo cambiarlo!
12) No dejemos que nuestro amor se convierta en una abstracción, que nuestro amor sólo sea “estar juntos”. Amémonos en la tierra Realidad (y no en la tierra Romanticismo), amémonos en cosas concretas (y no en palabrerío absurdo), amémonos mirándonos a los ojos pero también compartiendo con esas otras gentes que están ahí afuera a las que queremos mucho y que nos quieren también.
13) Nunca deje de decirme algo que le molesta o lo aqueja; no permita que llegue el día en que yo deje de decirle algo que me molesta o me aqueja. No perdamos nunca la sinceridad ni la comunicación fluida, porque es ley: tema que no se habla, tema que se convierte en tabú.
14) Si algún día le llega a pasar algo así como que no sabe muy bien qué es lo que quiere para usted, para su vida, para nosotros... no deje que mi obsesión por planear todo nos opaque. Sólo demuéstreme lo lindo que puede llegar a ser levantarse un día con el planteo de preguntarse quién es uno y con el desafío de tener que salir a buscar la respuesta; lo lindo que puede llegar a ser poder vivir sin saberlo todo, sin controlarlo todo, dejando que a veces la vida te sorprenda y te invite a vivir lo desconocido.

Aclaraciones finales:
- Se admite que el pretendiente sea un Hombre Roto (puesto que estos son los únicos que han tenido la enorme valentía de amar).
- Se acepta -e incluso se prefiere- que el pretendiente traiga consigo sus propios Términos y Condiciones. Se puede prever una cita inicial, en la que se pondrán ambos listados en la máquina de La Compatibilidad Amorosa, la cual determinará mediante una serie de cálculos, si nuestra relación podría o no tener futuro. En cuyo caso, todo habrá quedado como una sola cita de iniciación, y usted aparecerá en mi recuerdo, tan sólo como un no-correspondido más.

Habiendo el pretendiente sido previamente advertido por estos Términos y Condiciones, se da por supuesto que entiende que está ante una Mujer Rota. Ya lo dice aquel tango: "Además hay un motivo para quererte y cuidarte: / Se adivina con mirarte que no te han querido bien". Aún así estoy convencida de que no todos los hombres tienen los huevos suficientes como para amar a una Mujer Rota (e incluso a cualquier mujer). Sé, por lo tanto, que con esta advertencia correré el riesgo de espantar a unos cuantos. Pero me consuela saber que el espantarlos ahora, me ahorrará unos cuantos sufrimientos venideros. Sólo quedará un pretendiente, aquel que realmente esté dispuesto a amarme -conociendo todas las particularidades del caso-; tal pretendiente, será el único que valga la pena.

martes, 4 de octubre de 2011

Fiesta de Despedida I

Es una noche de fiesta. Una multitud nos espera para danzar nuestra despedida. Es una multitud silenciosa, que se oculta invisible en nuestras copas o en mi vestido. Entre esas gentes están todos y todas los que alguna vez nos acompañaron en nuestro trayecto. Están los amigos que nos vieron alejarnos en esa bifurcación de rutas. Están las amigas que supieron ser jueces o modelos o misterio. Están los amigos con los que compartimos un fernet y con los que no pudimos mostrarnos enamorados. Están las amigas que acompañaron el amor, el florecer y los cambios, y también aquellas que nunca pudieron asimilarlo. Está la familia entera como si fuera un domingo en lo de la abuela. Están las mamás y los papás y las hermanas y los tíos y abuelos y hasta los nietos que no conoceremos. Están todas ellas, "las otras", y todos ellos, "los otros", hayan existido o no en la realidad; estaban ahí porque existieron en nuestras mentes. Y estaban todos los señores y todas las señoras que alguna vez se apoderaron de nosotros: la señora Inseguridad, el señor Deseo, la señora Pasión, el señor Llanto, la señora Eternidad, el señor Amor, la señora Tristeza, el señor Miedo, la señora Angustia, el señor Camino, todos los señores y señoras que alguna vez se tomaron una copa con nosotros. Los reunimos a todos para despedirnos y despedirlos. Tomamos unos tragos mientras charlamos y nos amigamos con los fantasmas que, aunque no lo decimos, sabemos que están. Tratamos de asumirlos, de descubrirlos y adivinarlos, dialogamos con ellos porque de alguna forma, esos fantasmas son nosotros. Hay mil fantasmas y los vemos y nos reímos, mil ayeres que se encuentran en un hoy, en una noche especial: una noche de fiesta.

Pero los reunimos en una multitud silenciosa. No son más que fantasmas que nos rodean y que nosotros no vemos del todo. Nosotros creemos estar solos en ese living descontracturado que alquilamos para festejar. No es tu casa ni la mía, es un lugar totalmente desconocido, elegido para la ocasión. La luz, el ambiente, la temperatura, ¡es todo de películas! Porque hoy, hoy es una noche de fiesta. Te invité una comida especial, hay pechugas de pollo al horno con papas, ¿te gusta? Yo sé que sí. Yo estoy vestida muy elegantemente para la ocasión. Llevo un vestido de fiesta, peinado y maquillaje elaborados, taco aguja y una sonrisa fresca. Vos estás de jean y zapatillas, no te bañaste y tu mirada está perdida, como si nada de todo esto estuviera pasando. Cenamos juntos, nosotros y nuestros fantasmas, esta fiesta y nuestro ayer. Todo es carcajada, todo es sonrisa y felicidad: ¡estamos de fiesta!

Pongo música porque la música es linda para festejar. Te saco a bailar pero me rechazás. Te da vergûenza bailar, desontracturarte, desnudarte bailando. Y ahí estoy yo para mirarte a los ojos y decirte: "Estamos solos hoy. No hay nadie que pueda juzgarte", y me sonreís, y agrego: "Yo tampoco te voy a juzgar. Bailemos por última vez", y entonces te gano, y entonces rompemos la pista. Nos lanzamos y nos lucimos y nos entendemos y hacemos muecas graciosas y bailamos como más nos gusta y seguimos riendo. No hay nadie más que nosotros en esa pista que convertimos en escenario para hacer un número especial: el número de la última vez.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Fumarte es perjudicial para mi salud

No me cabe duda de que en tu esencia
                                    hay nicotina.
No me cabe duda de que probarte
                           fue un viaje de ida.

Te prendo / te fumo / te apago.
Y de nuevo quiero otro poquito.
Mientras escribo te pienso.
Pienso en que otro más necesito.

No quiero depender de vos.
Y me duele no saciarme
No quiero atarme a tu atado.
Y cómo hacer para escaparme.

Pero me seducís
apagado y sin presión.
Me gusta encenderte
y verte en acción.

Sos brasa cuando brillás
                           en la plenitud
de ese corto tiempo que durás.
Y ceniza te vas haciendo
                             en la tristeza
de esa facilidad con la que me dejás.

Yo te consumo / pero siento
que vos me vas consumiendo.
Entrando en mi pecho para quedarte
y yéndote como humo en el aire.

Si al fin y al cabo,
de tus decisiones soy esclava
Vos sabés lo que yo
suelo dar por una pitada.
A vos igual te da,
y no te importa nada.

Mientras yo mi vida voy dejando
vos todo el poder vas ganando.
Y de eso se trata el juego
                de esta adicción
que a vos te gusta jugar
                 y a mí tanto no.

Al eterno y recurrente dilema
de no saber si dosificar o dejarte,
siempre reacciono desesperada
    y fumo mucho más que antes.

domingo, 28 de agosto de 2011

Jugando al futuro

Jugando a ser otra
se consumen mis días,
vuela mi cabeza
y mis horas giran.

Jugando de juego,
de mentiritas, de chiste.
Jugando al futuro
como en viejos tiempos.

Jugando a ser otra,
la proyección de mí,
el susurro de un sueño
en el silencio de ser.

Jugando porque sí,
desarmando mi vida,
olvidando lo que soy
por pensar en lo que seré.

Ayer, hoy y mañana
se configuran en el tiempo
en el que sólo juego a ser otra
soñando que no soy yo.

lunes, 8 de agosto de 2011

Más que tenerte cerca me gusta

sentirte cerca

sabiendo que estás lejos.

sábado, 23 de julio de 2011

Palabras

Qué fácil hablar de ustedes
qué difícil a través de ustedes
Me jacto de ser una artista
y para la expresión no estoy lista

Me gusta moldearlas,
amasar las palabras,
armar inmensos castillos,
lustrarlos y que salga brillo
Me gusta moverlas, elegirlas,
acomodarlas, y así decirlas

Pero sólo si el sonido
no termina en otro oído

Al papel, ¡qué placer!
Al espejo, de reflejo
A mí misma, todavía
En mis sueños, son sin dueño
Con un mate, ¡agarrate!

Pero en otro oído
lo siento prohibido
Antes que compartir
me surge eludir
Y a aquella pregunta que florece
y que se oye siempre más fuerte
respondo, a ver qué te parece...
"Yo todo bien, por suerte"

lunes, 18 de julio de 2011

Tambaleando

Tambaleando con una mochila en mi espalda.
Con la irresponsabilidad de creerme responsable,
con la alienación de querer ser compañera,
Tambaleando por la presión de andar equivocada,
en este circo que amrma el desconcierto de la novedad.

Tambaleando en la invasión de mis espacios,
con las quejas de probar la tolerancia.
Cerrando puertas, superando límites.
Tambaleando en mi autodestrucción.

Tambaleando con labios oprimidos y penitas endógenas.
Tambaleando con palabras que callan.
Abrigada por esta fría soledad tambaleando,
perdiendo tiempo en el tiempo de descuento.

Tambaleando con mi desnudez insegura,
con mi naturalidad forzada.
Tambaleando en este no saber ser,
donde no hay más respuestas
que mis propias preguntas,
en este camino teñido de todo aquello
que no quiero ser.

Tambaleando por andar,
por aprender y olvidar,
y por olvidarse de aprender,
y por aprender cómo recordar.
Tambaleando y olvidando
cómo se hacía para ser yo.

viernes, 1 de julio de 2011

1 de julio

Me dormí al finalizar el otoño y cuando me desperté, la Primavera me estaba esperando con el desayuno en la cama. ¿En el medio? Un invierno que me pareció un sueño. Un sueño por lo intenso, por la sucesión de cuadros de lo más diversos y novedosos que revolucionaban toda mi vida. Un sueño por lo irreal, por lo ilusorio, por lo maravilloso, por lo improvisado, por lo sorprendente, por lo increíble e impensable. Por preguntarme hasta dónde llegaría esa realidad que me parecía cuento de hadas, cuánto duraría esa felicidad que parecía de cartón, cuándo dejaría de sentir esas mariposas que avergonzaban a mi orgullo y desnudaban a una Yo estúpida, romántica e idiota. Qué mina desconfiada, ¿no? Pero no me vas a decir que no era para dudar de aquella brisa que nos trajo el viento casi sin razón que nos hacía poner así. Tenía que ser un sueño. Y alguien tenía que pellizcarme.
Fue la señora Primavera, que primero me convidó con un mate amargo; lo tomé con la yerba de la Realidad, chupé la bombilla de la Consciencia, y cebé otro con el termo del Seguir Disfrutando. Me convidó tostadas que sabían a Retrospectiva, a Aprendizajes, a Cambios. Sonó la alarma del "Esto va en serio" que decidí posponer diez minutos. Complementé mi desayuno con la mermelada de la Esperanza, de las Nuevas Metas y de los Proyectos. Y sonó la segunda alarma, la del "Elijo seguir". Y entonces seguí cebando con el termo del Disfrute el mismo mate de la Realidad.
Me levanté de la cama y entendí que nada había sido soñado, que la vida me sonreía y me invitaba a vivirla. Y yo decidí seguir viviéndola con vos, desde aquel invierno que significó un inmenso cambio, desde aquel invierno en el que mis palabras nunca dejaron de acompañarme y mis manos de sostenerme.

Un invierno que hizo posible que un día como hoy, a esta hora, estuviéramos tomando una cerveza en un parque. Cuánto calor que debía haber entre nosotros, para haber tomado la tan osada decisión de salir a simplemente cagarnos de frío.