Mostrando entradas con la etiqueta ser un poco irreal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ser un poco irreal. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de julio de 2013

Separarse es como dejar de fumar
Es como pensar en el infinito
Es saber que nunca, nunca más

Vas a besar a ese cigarrillo

martes, 24 de abril de 2012

2 - Sonsos


El humo se desvaneció en la habitación y el cigarrillo de Amanda se encendió con otra pitada. Inclinó su cuerpo contra el respaldo de la cama y miró fijamente hacia adelante mientras fumaba. Simón le apoyó la cabeza sobre su torso desnudo. El pelo morocho le caía hasta la cintura, y él se divertía enroscando y desenroscando sus dedos con las puntas florecidas que estaban como azotándole el cuello. No se oía más que el cigarrillo contra el cenicero y el pelo en los dedos.
- ¿Por qué? -pudo al fin decir Amanda.
- ¿Por qué qué?
- Por qué todo -Amanda dejó salir el humo por la nariz, le clavó la mirada y supo que a Simón le pesaba. Él se incorporó, la agarró de la cara, le hundió las manos en el pelo, la miró profundamente en los ojos.
- ¿Cada vez que estamos juntos te vas a preguntar lo mismo?
- No, no te preocupes que cuando estoy sola también me lo pregunto -respondió burlonamente Amanda, sonrisa cálida de por medio. Simón la besó, sus manos ya estaban perdidas en esa maraña de pelos, la besó otra vez, y otra, besos cortos y precisos, y entre tanto sonrisa cálida.
- Sonsa...
Amanda callaba. Miraba hacia otro lado, fumaba, sentía una boca húmeda en el cuello, se hacía la indiferente, apagaba el cigarrillo, se incorporaba, se sentaba en la cama, sentía una mano en su panza, una mano que la tiraba hacia el centro de la cama, hacía fuerza para adelante, se levantaba de la cama, decía dejame, se acercaba a la computadora, quería poner música, ponía Los Piojos, volvía a la cama, se sentaba, se acostaba, se tiraba sobre Simón, decía yo no te quiero nada a vos, escuchaba yo a vos tampoco, qué bueno que nos sinceremos, lo besaba, sentía una mano recorriendo sus muslos, lo soltaba brutamente, te dije que no te quería, yo también te dije que no te quería, sonsa, sentía un beso en la mejilla, otro más, ahora bajando, en el cuello, en un hombro, en la espalda, en la nuca, en el cuello, en la boca, se reía, no me digas más sonsa, volvía a acostarse, ahora boca abajo, y en serio no te quiero nada.
- Tus labios de seda, son la luz de mi condena -cantaba Simón mientras miraba para adelante, como si no le importaran las palabras, ni los besos, ni nada-... ¿Ya no te gusta que te cante, negra?
- No, porque cantás mentiras -respondió Amanda desde abajo de la sábana.
- ¿Mentiras...? ¿Qué querés decir?
- Ya te conozco -se incorporó sosteniéndose con sus manos hundidas en el colchón y sus brazos extendidos-, ahora empezás diciendo no sé qué de mis labios, después vas a seguir con cuánto tiempo más tendremos que esperar, y después sos la llave hacia otro lado, y así todo el tiempo. Pero en realidad no sentís nada de eso.
- ¿Y vos qué sabés que siento yo? -la miró desafiante.
- Ay por favor, Simón. Si sintieras todo eso las cosas hoy serían distintas.
- ¿Y cómo serían, a ver? -truco-. ¿Cómo te gustaría que fueran las cosas? -cantó el re-. Explicame porque ya no lo entiendo... -vale cuatro.
- No sé -dijo enojada, no sabía bien con quién-. Por lo pronto no estaríamos teniendo esta discusión -añadió siendo esto lo único que le ocurrió, no podía decir qué era lo que en realidad quería.
- Esta discusión la empezaste vos, te recuerdo...
- Claro, ahora estamos entrando en la etapa en la que la culpa de todo es mía, ¿no? -interrumpió irónica-. Pero si te conozco de manual a vos... "Todas las discusiones las empezás vos, ¿no te das cuenta?", "Pero si estamos bien nosotros, ¿qué más querés...?", "Ah, así que querés que te escuche, ¿qué más? ¿que te quiera, decís...? ¿Y eso cómo se hace?"...
- Mirá, Am -interrumpió indignado-. Yo te quiero, ¿sí? Primero, antes que nada -se detenía, no sabía muy bien cómo hablar-. Que quede claro eso, que te quiero mucho, que sos importante para mí -miraba para otro lado, de nuevo a los ojos, de nuevo se perdía-. Y la paso muy bien con vos, ¿vos no la pasás bien conmigo...? -silencio-. ¿Eh...? Contestame, sonsa...
- Te dije que no me dijeras más así.
- Bueno, tonta, bobita, linda, loca linda, ¿cómo querés que te diga?
- Amanda.
- Bueno, okey, Amanda. ¿Vos no la pasás bien conmigo?
- Qué se yo, pero eso qué tiene que ver... No me mezcles las cosas, no me confundas.
- No te confundo, Am... Pero es que no nos entendemos. Hay como una barrera en nuestra comunicación. Yo no sé muy bien qué es lo que vos esperás de mí, y vos no sabés cuánto te valoro yo...
- ¿No sabés qué espero de vos?
- O sí lo sé, pero no entiendo muy bien cómo se hace...
- O no querés saber nada.
Simón no supo decir nada. Un silencio se produjo después de tantas palabras tiradas al techo como si nada, casi sin pensar en lo que se decía, en cómo se decía, casi sin pensar en nada. De fondo sonaba la voz de Ciro, Vine hasta aquí / para poder abrazarte y sentí / que ya tus brazos se niegan a ir / hacia los míos lentos.
- No sé para qué vine -dijo Amanda.
- Viniste para estar conmigo, para que estemos juntos, ahora de repente no digas que no la pasamos bien, negra.
- Sí, pero creo que ya me quiero ir.
Simón suspiró y hundió su cuerpo cansado en los almohadones. Amanda se vestía sentada en los pies de la cama. Voy a mentir / cuando les diga que ya superé / que nunca hubo dolor en mi piel / que nada tuyo existe, nena, no. Silbaba, tarareaba y entre tanto largaba una palabra. No se volteaba para mirarlo, le daba la espalda mientras se subía drásticamente el jean, y se volvió a sentar. De pronto tuvo la cara de Simón en sus rodillas, le dijo: "No te vayas, linda, hablemos", no sabía cómo había hecho para moverse tan rápido, pero no, no quiero hablar más, me cansa hablar, pero esuchame, son... escuchame, negrita, escuchame, si no tenés nada para decir, qué hablas, me vas a decir las mismas cosas de siempre, y lo que más me molesta no es que me digas siempre las mismas cosas, lo que me molesta es que es lo mismo que le decís a todas, uy ya empezás a decir pelotudeces Amanda, qué pelotudeces gil, dejame pasar que me quiero ir, vení acá, hablemos, no, primero pensá y después hablamos porque si no terminamos en lo mismo boludo, me voy, en serio, me voy, no, no Simón, no empecés, ya sabés que me da cosquillas eso, no, no, dale, me voy, no, basta, en serio, en serio, ay, no, así no, pará, me estaba yendo yo, no, no me voy a quedar una mierda, qué hacés, ¿otra vez?, no, éste es el corpiño difícil, te ayudo, qué bobo que sos eh, no me gusta que me digas sonsa, no sé, me parece que me subestimás, yo no me lo merezo y lo sabés, no, tierno no es, y en realidad yo no me merezco nada de esto, basta con las cosquillas, te estoy hablando, ¿me estás desnudando para que salga así a la calle?, porque mirá que ya me voy, sí, me voy, y la gente me va a gritar cosas por la calle, ¿qué?, ¿a dormir?, estás loco vos, estás totalmente loco, loco lindo, tan lindo, estás re loco chabón, salí, loco, bueno, está bien, bueno, me quedo.

Siempre cambiante, pero siempre igual / Solita, hermosa y distante...

jueves, 8 de marzo de 2012

par de acción reacción

decime que no te pertenezco
y entonces te invadiré
apartame de tu lado
en tu intimidad me meteré

echame de tu casa
y me verás tocando el timbre
no importa cuánto tiempo
pero a tus pies
pero a tu merced

soy un par de acción reacción
cabeza dura y obstinada

no es fácil deshacerse de mí
(no te aproveches)

domingo, 11 de septiembre de 2011

Fumarte es perjudicial para mi salud

No me cabe duda de que en tu esencia
                                    hay nicotina.
No me cabe duda de que probarte
                           fue un viaje de ida.

Te prendo / te fumo / te apago.
Y de nuevo quiero otro poquito.
Mientras escribo te pienso.
Pienso en que otro más necesito.

No quiero depender de vos.
Y me duele no saciarme
No quiero atarme a tu atado.
Y cómo hacer para escaparme.

Pero me seducís
apagado y sin presión.
Me gusta encenderte
y verte en acción.

Sos brasa cuando brillás
                           en la plenitud
de ese corto tiempo que durás.
Y ceniza te vas haciendo
                             en la tristeza
de esa facilidad con la que me dejás.

Yo te consumo / pero siento
que vos me vas consumiendo.
Entrando en mi pecho para quedarte
y yéndote como humo en el aire.

Si al fin y al cabo,
de tus decisiones soy esclava
Vos sabés lo que yo
suelo dar por una pitada.
A vos igual te da,
y no te importa nada.

Mientras yo mi vida voy dejando
vos todo el poder vas ganando.
Y de eso se trata el juego
                de esta adicción
que a vos te gusta jugar
                 y a mí tanto no.

Al eterno y recurrente dilema
de no saber si dosificar o dejarte,
siempre reacciono desesperada
    y fumo mucho más que antes.

domingo, 28 de agosto de 2011

Jugando al futuro

Jugando a ser otra
se consumen mis días,
vuela mi cabeza
y mis horas giran.

Jugando de juego,
de mentiritas, de chiste.
Jugando al futuro
como en viejos tiempos.

Jugando a ser otra,
la proyección de mí,
el susurro de un sueño
en el silencio de ser.

Jugando porque sí,
desarmando mi vida,
olvidando lo que soy
por pensar en lo que seré.

Ayer, hoy y mañana
se configuran en el tiempo
en el que sólo juego a ser otra
soñando que no soy yo.

lunes, 18 de julio de 2011

Tambaleando

Tambaleando con una mochila en mi espalda.
Con la irresponsabilidad de creerme responsable,
con la alienación de querer ser compañera,
Tambaleando por la presión de andar equivocada,
en este circo que amrma el desconcierto de la novedad.

Tambaleando en la invasión de mis espacios,
con las quejas de probar la tolerancia.
Cerrando puertas, superando límites.
Tambaleando en mi autodestrucción.

Tambaleando con labios oprimidos y penitas endógenas.
Tambaleando con palabras que callan.
Abrigada por esta fría soledad tambaleando,
perdiendo tiempo en el tiempo de descuento.

Tambaleando con mi desnudez insegura,
con mi naturalidad forzada.
Tambaleando en este no saber ser,
donde no hay más respuestas
que mis propias preguntas,
en este camino teñido de todo aquello
que no quiero ser.

Tambaleando por andar,
por aprender y olvidar,
y por olvidarse de aprender,
y por aprender cómo recordar.
Tambaleando y olvidando
cómo se hacía para ser yo.

viernes, 1 de julio de 2011

1 de julio

Me dormí al finalizar el otoño y cuando me desperté, la Primavera me estaba esperando con el desayuno en la cama. ¿En el medio? Un invierno que me pareció un sueño. Un sueño por lo intenso, por la sucesión de cuadros de lo más diversos y novedosos que revolucionaban toda mi vida. Un sueño por lo irreal, por lo ilusorio, por lo maravilloso, por lo improvisado, por lo sorprendente, por lo increíble e impensable. Por preguntarme hasta dónde llegaría esa realidad que me parecía cuento de hadas, cuánto duraría esa felicidad que parecía de cartón, cuándo dejaría de sentir esas mariposas que avergonzaban a mi orgullo y desnudaban a una Yo estúpida, romántica e idiota. Qué mina desconfiada, ¿no? Pero no me vas a decir que no era para dudar de aquella brisa que nos trajo el viento casi sin razón que nos hacía poner así. Tenía que ser un sueño. Y alguien tenía que pellizcarme.
Fue la señora Primavera, que primero me convidó con un mate amargo; lo tomé con la yerba de la Realidad, chupé la bombilla de la Consciencia, y cebé otro con el termo del Seguir Disfrutando. Me convidó tostadas que sabían a Retrospectiva, a Aprendizajes, a Cambios. Sonó la alarma del "Esto va en serio" que decidí posponer diez minutos. Complementé mi desayuno con la mermelada de la Esperanza, de las Nuevas Metas y de los Proyectos. Y sonó la segunda alarma, la del "Elijo seguir". Y entonces seguí cebando con el termo del Disfrute el mismo mate de la Realidad.
Me levanté de la cama y entendí que nada había sido soñado, que la vida me sonreía y me invitaba a vivirla. Y yo decidí seguir viviéndola con vos, desde aquel invierno que significó un inmenso cambio, desde aquel invierno en el que mis palabras nunca dejaron de acompañarme y mis manos de sostenerme.

Un invierno que hizo posible que un día como hoy, a esta hora, estuviéramos tomando una cerveza en un parque. Cuánto calor que debía haber entre nosotros, para haber tomado la tan osada decisión de salir a simplemente cagarnos de frío.

viernes, 27 de mayo de 2011

"Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos"

El tiempo como un escalofrío que me ataca. Ya no me da complejos, no más inseguridades, no más miedo. Pero me sigue atacando. Me estremece, me sigue envolviendo y ¡ay! cuánto poder que despóticamente imparte el tiempo. Respeto, eso me provoca. Me maravilla y me genera reflexiones. Y cuántos otros que ya no están. Y cuántas yo que ya no están. Qué distinto que era todo antes... ¿y quiero volver? No, sólo quiero aprender. ¿De quién? ¿del tiempo? No, quiero aprender de mí. El tiempo es experiencia. Pero el tiempo también es desafío. Y es comparación. Y es anécdota, y es saber. Y es extrañar, ¿y qué quiero? No importa qué quiero, pero ¿qué siento cuando escucho al tiempo, cuando lo veo o lo huelo? Siento un escalofrío que me ataca.

sábado, 26 de marzo de 2011

En modo subjuntivo II

Volvamos a las pistas. Que la nueva salida de este juego de la Oca inconcluso nos encuentre a ambos con sueños de felicidad y con ansias de superación, apostando a este nuevo desafío con el impulso del deseo y la elección. Pero que no renunciemos a todos los aprendizajes que la distancia supo darnos.
Que decidamos dejarnos tatuar de nuevo, pero que el dibujo sea esta vez diferente, se ubique en otro lugar y se constituya de otra manera, sencillamente porque nosotros, ya no somos los mismos. Que no volvamos a perder de vista que nuestros caminos son dos (y no el mismo), que cada uno camina por el propio y con los propios pies, y que si decidimos caminar tomándonos de la mano, es porque queremos compartir nuestras individualidades; sólo entonces seremos realmente compañero y compañera de vida. Que entendamos que cada uno hace las cosas a su forma y con su mística, que cada uno construya su vida como quiera, y que el otro lo acompañe en sus decisiones. Que prevengamos la simbiosis estableciendo límites claros, respetando los espacios propios y valorando los compartidos. Que dejemos de hacernos preguntas que no tienen respuestas, que lo vivamos con más libertad. Que jamás perdamos la comunicación y la sinceridad, que no volvamos a ser aquellos que empezaron a odiarse en silencio, que en esta resurrección no volvamos a ser los autores de nuestra propia muerte.
Y sobre todo, que avancemos con la seguridad del sentir. Que sintamos mucho, y que nuestro motor sea -y lo digo así nomás- el amor, porque podemos estar seguros de que en esto es en lo único en lo que la razón no se va a interponer. Que derribemos los miedos con acciones. Que nuestra base sea el mirarnos a los ojos y sentirnos distintos, que tengamos la enorme valentía de volver a amar nuestros corazones rotos, porque como dice el Indio: "si no hay amor, que no haya nada entonces, alma mía". Yo, por lo menos, no pienso regatear.

sábado, 19 de febrero de 2011

Mi primer cuento que no tiene título todavía porque no soy muy buena para eso

La luz apagada siempre hace que el sentido de la vista se suprima y que entonces los otros sentidos tomen protagonismo. Por las noches, el que más se impone por lo general es el oído, se escucha todo perfectamente. El despertador es un sonido, y no hay nada peor que que nos despierte un sonido o que un sonido nos impida dormir; la paz pasa por el silencio y la desesperación por los ruidos molestos.
Tenía la cabeza apoyada en su pecho, era ya muy tarde y estaba cansada, lo único que pedía para esa noche era poder dormir tranquila. Escuchaba perfectamente ese latido constante y puntual, con un ritmo determinado, una melodía vaga, una armonía discutible, pero un pulso perfecto, tan justo y preciso. La canilla goteaba a lo lejos pero eso era lo de menos, ya estaba acostumbrada a que perdiera, a que el plomero jamás la dejara bien, a olvidarse volver a llamarlo, había cosas a las que una se podía acostumbrar. Muchos colectivos se escuchaban por la ventana, pero eran años de vivir en esa casa, había cosas que no importaban mucho a esa altura de la vida, a esa altura de la noche, a esa altura del sueño. También la respiración era algo que ya casi ni se escuchaba, el intercambio gaseoso es entendible en una persona aún viva, pero todo tiene su límite, cuando ya se convierte en acordes groseros, ahí sí que se escucha, en rugidos poco elegantes, vibraciones desagradables, como si fuera un gordo en el sillón del living el que se ha quedado dormido, con la televisión prendida, panza para arriba, típica postura de un vago que nada ha hecho durante el día, cuando es la mujer la que siempre se encarga de limpiar, ir a buscar a los chicos al colegio, preparar la cena, el almuerzo, el desayuno y las meriendas, el fenómeno acústico es entendible si lo único que se ha hecho en el día es estar detrás de un escritorio cumpliendo la jornada, sin desgaste, sin cansancio, sin preocupaciones por la casa, la económica familiar, la gotera del baño, ese maldito plomero, claro que se dormirá primero entonces, y el jadeo súbito no dejará dormir a la que sí tiene esas cosas en la cabeza, que quiere salir adelante, llegar a fin de mes, brindarle un futuro a sus hijos, recuperar la pasión y la vivacidad juvenil, es perfectamente entendible que él se duerma primero y que su estúpido y desagradable intercambio gaseoso desfavorezca la paz matrimonial nocturna, nadie puede negarlo.
Le apoyaba los dedos sutilmente en los labios, chistaba con esperanzas de que los ruidos desaparecieran, no importaban los colectivos ni la gotera, que se apagaran los latidos si era necesario para poder dormir tranquila, pero tampoco importaba el ruido en realidad porque ya se trataba de algo más. Tapaba su boca con una mano pero entonces el fenómeno se emitía por la nariz, no había muchas opciones, daba vueltas en la cama, volvía a apoyar la cabeza en su pecho, escuchaba ese latido constante y puntual, justo y preciso que decía que él estaba ahí, los dedos comenzaron a descender y a esbozar caricias en su pecho, hasta escuchar su voz de gruñón por las mañanas, entonces la mano subía y se apoyaba nuevamente en el cuello, un "callate un poquito" al oído, mil instancias agotadas, la mano que seguía en el cuello, la cabeza en el pecho, el latido constante, en el cuello haciendo presión, ahora con dos manos, seguía chistando, el rugido comenzaba a atolondrarse, sus ojos se mantenían cerrados, su boca se abría más, casi gritando, la respiración se complicaba, la presión continuaba, pero el rugido también, y entonces qué podía hacer, el rugido ya era casi esporádico, no importaba qué estaba pasando porque el rugido se iba apagando, los medios eran efectivos, por fin alcanzaría el bendito sueño, apagar ese sonido y cualquiera que provenga de él, entonces volví a apoyar la cabeza en su pecho pues ya había alcanzado el objetivo máximo. Los rugidos poco elegantes habían callado, los ruidos externos persistían pero eran lo de menos, ya ni siquiera se escuchaba ese latido vago, aquel con un pulso perfecto, tan justo y preciso.

sábado, 1 de enero de 2011

Chau, no va más

Chau, presiones,
chau, exigencias,
chau desequilibrio
chau al no sincerarse,
chau a eso
Chau, soberbia, chau
Saberlo todo, ¡chau!
Chau a ser la mejor
chau a querer serlo
chau a intentar serlo
chau a llorar por no serlo
Chau, orgullo,
¡por favor!
chau, orgullo
Chau frustraciones,
chau decepciones
chau a la desilusión de ilusionarme
chau a idealizar al ideal
Chau a no quererme
chau a no querer quereme
Chau, mascaritas,
caretas amasadas
por el deseo de ser distinta
A todas ellas, ¡chau!
Chau a ser Otros
chau a mirarlos, a sentirlos,
a imitarlos, a modelizarlos
chau a no poder dejar de mirarlos
Chau inseguridades, chau,
chau a no poder mirarme al espejo
chau a no gustarme, ¡chau!

Hola 2011. ¡Hola!

domingo, 5 de diciembre de 2010

Conociéndote

Tan sólo un extraño fuiste,
tan sólo una extraña fui.

Pero al fin nos desnudamos
y acá estamos,
más que nunca extraños.

¿Quién somos?

viernes, 5 de noviembre de 2010

Confesiones nocturnas

No me asusta, no,
cambiar
No me asusta si soy yo
pero todo sigue igual
Es más fácil ser vanguardia
que aceptar a los demás
Pero basta tonta Paula,
basta de opacar
En castellano:
me dan miedo los demás
Y acá sí que
en mí confío más
También yo, soy
loca por controlar,
por hacer encajar
cualquier realidad
¿Por qué otra cosa si no
ahora se me da por rimar?

viernes, 29 de octubre de 2010

El Otro

Escribo para que me escribas
Me leo en lo que vos leerías
Digo lo que te escucharía
Irradio tu reflejo
Emito tu eco
Me veo en lo que vos ves
Sueño lo que vos hacés

Vivo a través de El Otro

domingo, 3 de octubre de 2010

Bailás

vos también bailás,
¿sabés?
vos bailás en una
burbuja de resplandor.
y yo quiero bailar
con vos, me gustaría
subirme en
tu burbuja y quedarme ahí
para siempre.
pero el hecho es
que vos bailás murga,
ritmo alegre y movido,
y yo no sé
si es que
no sé bailar movido o
bailar alegre es lo que no sé.
a veces también puede ser
que te pongas a bailar un milongón
y entonces yo tengo que
seguirte tus pasos lentos,
y yo no sé si es que
no sé seguir tus pasos o
bailar murga es lo que no sé.
porque yo bailo tango, melodía lúgubre y gris.
pero que triste y todo, se baila de a dos.
y yo intento, intento
apoyar las manos en el placard
y esbozar algunos ochos desprolijos.
pero se me hace imposible
si no tengo a otro que
me marque el compás y al que
adornarle las figuras.
en cambio en tu baile individual
es muy fácil estar sin mí. cuando
vos bailás murga yo
te miro desde lejos, te
contemplo con distancia, porque es de a uno
y no hay ida y vuelta,
complemento equilibrado,
mutualismo artístico. te
miro desde lejos y ya sé, ya sé que
vos me sacás a bailar porque
intentás incluirme en tu mundo, pero es que
individual,
mutua,
o colectiva,
esa
no es
la danza que yo elijo; tu mundo
no es lo que yo quiero.
insistís
en sacarme a bailar,
cuántas veces te tengo que decir
que yo
no sé bailar murga.




por alguna razón cuando me estaba haciendo unos mates pensando en escribir esto, las palabras sonaban mucho mejor.

miércoles, 21 de julio de 2010

Exigencias

De la misma forma en que en otros tiempos yo pretendía mucho de ellas,
ahora quizás,
ellas pretenden mucho de mí.

lunes, 12 de julio de 2010

En modo subjuntivo.

El modo subjuntivo expresa a la acción como un deseo, una duda o una posibilidad: "¡Quisiera saberlo todo!", "Tal vez ahora se sienta mejor", "Probablemente lo arreglen a la tarde", respectivamente. Tanto en futuro como en presente, este modo tiene valor de futuro dado que se trata de una acción de la que todavía no se tiene certeza. Un deseo puede ser deseado para ahora o para mañana, pero mientras de deseo se trate, la factibilidad queda al margen. Esto ocurre cuando se lo utiliza en proposiciones subordinadas: "Ojalá que no llueva", "Me gustaría que te fueras un rato", etc.


Vení, soñemos juntos.
Quedate conmigo girando entre la dulzura que no tiene tiempo. Que nuestros cuerpos se huelan, se palpen, se elijan y se desmayen de placer en cada instantáneo ardor de dos amantes. Que todo huela a perfume cálido, que se oigan mumurar los consejos de la calma, que el fuego sólo sea pasión y el dolor sólo la dulce muerte en que me desnudás.
Que nuestras voces griten que son mudas, ahúyen verdades, jueguen a soñar nuestros futuros; que confundamos nuestros zapatos por la costumbre de caminar juntos. Que de cada lágrima hagamos un mar de esperanzas, que de cada frustración aprendamos un poco más, que tu felicidad renazca cada día y me invites a redescubrirla.
Que con cada nuevo proyecto reafirmemos nuestras ganas de querernos, que nunca perdamos la voluntad de relacionarnos bajo un vínculo sano que nos haga bien; que el deseo de estar juntos venza el terror a fracasar, el miedo a amar y la apatía de construir.
Que con tan sólo ponernos en puntitas de pie toquemos el cielo y que baste con amarnos para entender que la luna está a nuestro alcance.

Febrero 09

sábado, 10 de julio de 2010

Tempus fugit


Quizás es sólo el tiempo, maldito tiempo
que nos condena a las preguntas sin respuestas...

Gran verdugo el tiempo

Verdugo del príncipe azul, de ese que nos venden como realidad
Verdugo del para siempre y el hasta nunca
Verdugo del amor a primera vista, cuando llega la segunda vista
Verdugo de la felicidad inmortal
Verdugo de la pasión
Verdugo del amor sin límites
Verdugo de la infancia, luego de la adolescencia, más tarde de la adultez, y
/ finalmente de la vejez
Verdugo de los goces y las libertades falseadas
Verdugo del soñar e imaginar a futuro
Verdugo de la maravillosa tarea de descubrir
Verdugo de lo diferente, de lo desconocido, de lo extraordinario y lo inimaginable
Verdugo del espacio cuando se superpone y lo condiciona
Verdugo del pasado, del presente y del futuro
Verdugo de todo aquello que alguna vez no tuvo tiempo

Verdugo de sí mismo cuando uno intenta atraparlo