El norte tiene tus colores
Son colores de belleza,
de belleza con pendiente
que te invita a escalar
A subir o a bajar
pero a moverse, mierda!
A moverse entre relieves que
nos convidan con maravillas
porque ellos no son como
esa llanura, monótona y aburrida,
no. Ellos tienen tu color
El norte sabe a vos
Sabe a nuestros sueños compartidos,
o a mis sueños con vos
Sabe a tu paz y serenidad
y al silencio de disfrutar
Estás en todos lados, acá en el norte
En especial estás en ese sol
que pega tan fuerte y me alegra tanto la vida
Me despierta a la mañana en la carpa
Me quema la piel al mediodía
Y se va ocultando hermoso al atardecer
Los incas le decían Viracocha,
para mí se llama Nicolás
El sol tiene tu cara y resplandece a lo lejos
como seguro estás resplandeciendo vos
en algún lugar al que no puedo llegar
Lejos, como el sol estás lejos
Pero yo te miro desde acá,
sentada en los Andes,
acostada cuesta arriba te contemplo
Escalando hasta mis objetivos
y apunándome en el intento
Pero para eso vine acá
Para dejarte en la montaña
que tiene tus colores y tu sabor
Vine hasta vos para dejarte con vos
Acá te voy a dejar
aunque sepa que nunca te vas a ir del todo
y que en el fondo siempre vas a estar
iluminándome
Te voy a dejar porque ahora,
ahora me voy a ir a buscar,
con la brújula oscilante de mis impulsos y deseos,
mi propio Norte
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viernes, 6 de enero de 2012
jueves, 6 de octubre de 2011
Términos y Condiciones para Amar a la Mujer Rota
1) Si me va a amar, ámeme a toda mí. No soy pedazos de tiempo, soy un combo completo. No es posible seleccionar algunas partes y desechar otras, y tampoco existe la opción de "Agrandá tu combo" por dos pesos. Soy lo que soy, lo que me sale ser, y si todo eso no lo enamora, simplemente no fuerce el enamoramiento y aléjese.
2) Nunca pero nunca, me diga que soy la mejor en algo (es el error que viene cometiendo mucha gente en mi vida, y por lo que cargo con la cruz de las sobreexigencias y las frustraciones). En todo caso dígame que, para usted, soy la persona más especial, pero que allá afuera soy una más.
3) Nunca corte el hilo de mis ambiciones. La vida para mí es encontrar objetivos y correr tras ellos. Si me pone palos en la rueda, o bien me deja sin objetivos -y sin vida-, o bien las cosas empiezan a andar mal entre nosotros. Acompáñeme en mis elecciones, aliénteme y míreme desde el puente.
4) Ábrame de par en par las puertas de la confianza. Y manténgalas abiertas desde el comienzo hasta el final. No es fácil para mí hablarle a los demás sobre mí: demuéstreme que le importa que le hable de mí, pregúnteme, indague, siéntame, descubra. Y entonces sí voy a hablar, entonces sí voy a deslizar las palabras por mis labios ¡y ya no habrá nadie que me pare! Ese día será el día en que sienta que empezamos a confiar en nosotros.
5) Cuando hablo de las cosas que no sé hacer, entienda que es algo que me cuesta. En consecuencia, no se burle de mí; sólo hágame entender que "está todo bien", que algún día voy a tener que aprender a reirme de mí.
6) No me censure nunca, déjeme ser. Cuando me ponga a cantar a los gritos una canción de Cristian Castro, cuando tenga ganas de dormirme mirando Tom y Jerry, cuando baile sola y como una loca en medio de la cocina algún tango que me gusta mucho, cuando me ponga a correr en la vereda, cuando le sintetice el análisis que me surgió determinado texto... Respete mis impulsos y no los reprima: recuerde que a ellos también los tiene que amar.
7) Sé que puedo parecer fuerte y dura, pero le aseguro -y lo digo por experiencia propia- que si escarba un poquitito se encontrará con una Yo tierna y débil. Aproveche la ternura, porque cuando me entrego, me entrego en serio; pero nunca se aproveche de mi debilidad, no me haga creer que ésa soy yo para su conveniencia: yo soy la fuerte y dura, sólo que a veces el tiempo me pone blandita.
8) No quiera conocerme de una vez y para siempre; no se dé a conocer de una vez y para siempre. Conozcámonos por etapas, como si fuéramos dos cebollas, vayámonos sacando capa por capa sin apuros, disfrutando de cada una. Y guardemos siempre el centro (que llamaremos "intimidad" o "privacidad") para cuando estemos seguros de que eso también lo queremos entregar.
9) No intente esconderse detrás del orgullo, conmigo el orgullo ajeno no funciona: el propio siempre le gana. La palabra que más me gusta escuchar de otro es "Perdón", no sólo porque me lo dicen sino porque así también me enseñan a decirla.
10) No deje que lo quiera cambiar. Si algún día empieza a percibir eso, use estas palabras: "No intentes cambiarme", y entonces voy a saber que tendré que buscar otra forma de entrarle.
11) Póngame en mi lugar si le llego a faltar en algún momento al respeto, de la forma en que sea. A veces me voy de mambo y lo sé, pero si me lo hace notar, ¡juro que puedo cambiarlo!
12) No dejemos que nuestro amor se convierta en una abstracción, que nuestro amor sólo sea “estar juntos”. Amémonos en la tierra Realidad (y no en la tierra Romanticismo), amémonos en cosas concretas (y no en palabrerío absurdo), amémonos mirándonos a los ojos pero también compartiendo con esas otras gentes que están ahí afuera a las que queremos mucho y que nos quieren también.
13) Nunca deje de decirme algo que le molesta o lo aqueja; no permita que llegue el día en que yo deje de decirle algo que me molesta o me aqueja. No perdamos nunca la sinceridad ni la comunicación fluida, porque es ley: tema que no se habla, tema que se convierte en tabú.
14) Si algún día le llega a pasar algo así como que no sabe muy bien qué es lo que quiere para usted, para su vida, para nosotros... no deje que mi obsesión por planear todo nos opaque. Sólo demuéstreme lo lindo que puede llegar a ser levantarse un día con el planteo de preguntarse quién es uno y con el desafío de tener que salir a buscar la respuesta; lo lindo que puede llegar a ser poder vivir sin saberlo todo, sin controlarlo todo, dejando que a veces la vida te sorprenda y te invite a vivir lo desconocido.
Aclaraciones finales:
- Se admite que el pretendiente sea un Hombre Roto (puesto que estos son los únicos que han tenido la enorme valentía de amar).
- Se acepta -e incluso se prefiere- que el pretendiente traiga consigo sus propios Términos y Condiciones. Se puede prever una cita inicial, en la que se pondrán ambos listados en la máquina de La Compatibilidad Amorosa, la cual determinará mediante una serie de cálculos, si nuestra relación podría o no tener futuro. En cuyo caso, todo habrá quedado como una sola cita de iniciación, y usted aparecerá en mi recuerdo, tan sólo como un no-correspondido más.
Habiendo el pretendiente sido previamente advertido por estos Términos y Condiciones, se da por supuesto que entiende que está ante una Mujer Rota. Ya lo dice aquel tango: "Además hay un motivo para quererte y cuidarte: / Se adivina con mirarte que no te han querido bien". Aún así estoy convencida de que no todos los hombres tienen los huevos suficientes como para amar a una Mujer Rota (e incluso a cualquier mujer). Sé, por lo tanto, que con esta advertencia correré el riesgo de espantar a unos cuantos. Pero me consuela saber que el espantarlos ahora, me ahorrará unos cuantos sufrimientos venideros. Sólo quedará un pretendiente, aquel que realmente esté dispuesto a amarme -conociendo todas las particularidades del caso-; tal pretendiente, será el único que valga la pena.
martes, 4 de octubre de 2011
Fiesta de Despedida I
Es una noche de fiesta. Una multitud nos espera para danzar nuestra despedida. Es una multitud silenciosa, que se oculta invisible en nuestras copas o en mi vestido. Entre esas gentes están todos y todas los que alguna vez nos acompañaron en nuestro trayecto. Están los amigos que nos vieron alejarnos en esa bifurcación de rutas. Están las amigas que supieron ser jueces o modelos o misterio. Están los amigos con los que compartimos un fernet y con los que no pudimos mostrarnos enamorados. Están las amigas que acompañaron el amor, el florecer y los cambios, y también aquellas que nunca pudieron asimilarlo. Está la familia entera como si fuera un domingo en lo de la abuela. Están las mamás y los papás y las hermanas y los tíos y abuelos y hasta los nietos que no conoceremos. Están todas ellas, "las otras", y todos ellos, "los otros", hayan existido o no en la realidad; estaban ahí porque existieron en nuestras mentes. Y estaban todos los señores y todas las señoras que alguna vez se apoderaron de nosotros: la señora Inseguridad, el señor Deseo, la señora Pasión, el señor Llanto, la señora Eternidad, el señor Amor, la señora Tristeza, el señor Miedo, la señora Angustia, el señor Camino, todos los señores y señoras que alguna vez se tomaron una copa con nosotros. Los reunimos a todos para despedirnos y despedirlos. Tomamos unos tragos mientras charlamos y nos amigamos con los fantasmas que, aunque no lo decimos, sabemos que están. Tratamos de asumirlos, de descubrirlos y adivinarlos, dialogamos con ellos porque de alguna forma, esos fantasmas son nosotros. Hay mil fantasmas y los vemos y nos reímos, mil ayeres que se encuentran en un hoy, en una noche especial: una noche de fiesta.
Pero los reunimos en una multitud silenciosa. No son más que fantasmas que nos rodean y que nosotros no vemos del todo. Nosotros creemos estar solos en ese living descontracturado que alquilamos para festejar. No es tu casa ni la mía, es un lugar totalmente desconocido, elegido para la ocasión. La luz, el ambiente, la temperatura, ¡es todo de películas! Porque hoy, hoy es una noche de fiesta. Te invité una comida especial, hay pechugas de pollo al horno con papas, ¿te gusta? Yo sé que sí. Yo estoy vestida muy elegantemente para la ocasión. Llevo un vestido de fiesta, peinado y maquillaje elaborados, taco aguja y una sonrisa fresca. Vos estás de jean y zapatillas, no te bañaste y tu mirada está perdida, como si nada de todo esto estuviera pasando. Cenamos juntos, nosotros y nuestros fantasmas, esta fiesta y nuestro ayer. Todo es carcajada, todo es sonrisa y felicidad: ¡estamos de fiesta!
Pongo música porque la música es linda para festejar. Te saco a bailar pero me rechazás. Te da vergûenza bailar, desontracturarte, desnudarte bailando. Y ahí estoy yo para mirarte a los ojos y decirte: "Estamos solos hoy. No hay nadie que pueda juzgarte", y me sonreís, y agrego: "Yo tampoco te voy a juzgar. Bailemos por última vez", y entonces te gano, y entonces rompemos la pista. Nos lanzamos y nos lucimos y nos entendemos y hacemos muecas graciosas y bailamos como más nos gusta y seguimos riendo. No hay nadie más que nosotros en esa pista que convertimos en escenario para hacer un número especial: el número de la última vez.
domingo, 17 de abril de 2011
Ser
Dejar de preguntarme quién quiero ser
/ para por fin responderme quién soy.
Dejar de preguntarte quién soy para vos
/ para por fin responderte quién soy para vos.
Soy como esa brisa que te arranca una sonrisa
Soy como esa música que te hace una caricia
Soy la poesía de un cuerpo que te apasiona
Soy el impacto de un caracter que te enloquece
Soy un arte que te alegra y te encandila
Soy el tiempo que te envuelve y te conoce
Soy tomar mate a la mañana
Soy mirar la tele antes de dormir
Soy escuchar música mirando el techo
Soy leer un libro al aire libre
Soy abrir la ventana
/ y que brille mucho el sol
Soy despertarse a besos
Soy dormirse abrazados
Soy llamarte cuando estás mal
Soy levantarte el ánimo
/ cuando pierde Gimnasia
Soy cosas chiquitas
soy toda chiquita
/ pero te encanto
/ para por fin responderme quién soy.
Dejar de preguntarte quién soy para vos
/ para por fin responderte quién soy para vos.
Soy como esa brisa que te arranca una sonrisa
Soy como esa música que te hace una caricia
Soy la poesía de un cuerpo que te apasiona
Soy el impacto de un caracter que te enloquece
Soy un arte que te alegra y te encandila
Soy el tiempo que te envuelve y te conoce
Soy tomar mate a la mañana
Soy mirar la tele antes de dormir
Soy escuchar música mirando el techo
Soy leer un libro al aire libre
Soy abrir la ventana
/ y que brille mucho el sol
Soy despertarse a besos
Soy dormirse abrazados
Soy llamarte cuando estás mal
Soy levantarte el ánimo
/ cuando pierde Gimnasia
Soy cosas chiquitas
soy toda chiquita
/ pero te encanto
sábado, 26 de marzo de 2011
En modo subjuntivo II
Volvamos a las pistas. Que la nueva salida de este juego de la Oca inconcluso nos encuentre a ambos con sueños de felicidad y con ansias de superación, apostando a este nuevo desafío con el impulso del deseo y la elección. Pero que no renunciemos a todos los aprendizajes que la distancia supo darnos.
Que decidamos dejarnos tatuar de nuevo, pero que el dibujo sea esta vez diferente, se ubique en otro lugar y se constituya de otra manera, sencillamente porque nosotros, ya no somos los mismos. Que no volvamos a perder de vista que nuestros caminos son dos (y no el mismo), que cada uno camina por el propio y con los propios pies, y que si decidimos caminar tomándonos de la mano, es porque queremos compartir nuestras individualidades; sólo entonces seremos realmente compañero y compañera de vida. Que entendamos que cada uno hace las cosas a su forma y con su mística, que cada uno construya su vida como quiera, y que el otro lo acompañe en sus decisiones. Que prevengamos la simbiosis estableciendo límites claros, respetando los espacios propios y valorando los compartidos. Que dejemos de hacernos preguntas que no tienen respuestas, que lo vivamos con más libertad. Que jamás perdamos la comunicación y la sinceridad, que no volvamos a ser aquellos que empezaron a odiarse en silencio, que en esta resurrección no volvamos a ser los autores de nuestra propia muerte.
Y sobre todo, que avancemos con la seguridad del sentir. Que sintamos mucho, y que nuestro motor sea -y lo digo así nomás- el amor, porque podemos estar seguros de que en esto es en lo único en lo que la razón no se va a interponer. Que derribemos los miedos con acciones. Que nuestra base sea el mirarnos a los ojos y sentirnos distintos, que tengamos la enorme valentía de volver a amar nuestros corazones rotos, porque como dice el Indio: "si no hay amor, que no haya nada entonces, alma mía". Yo, por lo menos, no pienso regatear.
Que decidamos dejarnos tatuar de nuevo, pero que el dibujo sea esta vez diferente, se ubique en otro lugar y se constituya de otra manera, sencillamente porque nosotros, ya no somos los mismos. Que no volvamos a perder de vista que nuestros caminos son dos (y no el mismo), que cada uno camina por el propio y con los propios pies, y que si decidimos caminar tomándonos de la mano, es porque queremos compartir nuestras individualidades; sólo entonces seremos realmente compañero y compañera de vida. Que entendamos que cada uno hace las cosas a su forma y con su mística, que cada uno construya su vida como quiera, y que el otro lo acompañe en sus decisiones. Que prevengamos la simbiosis estableciendo límites claros, respetando los espacios propios y valorando los compartidos. Que dejemos de hacernos preguntas que no tienen respuestas, que lo vivamos con más libertad. Que jamás perdamos la comunicación y la sinceridad, que no volvamos a ser aquellos que empezaron a odiarse en silencio, que en esta resurrección no volvamos a ser los autores de nuestra propia muerte.
Y sobre todo, que avancemos con la seguridad del sentir. Que sintamos mucho, y que nuestro motor sea -y lo digo así nomás- el amor, porque podemos estar seguros de que en esto es en lo único en lo que la razón no se va a interponer. Que derribemos los miedos con acciones. Que nuestra base sea el mirarnos a los ojos y sentirnos distintos, que tengamos la enorme valentía de volver a amar nuestros corazones rotos, porque como dice el Indio: "si no hay amor, que no haya nada entonces, alma mía". Yo, por lo menos, no pienso regatear.
miércoles, 2 de marzo de 2011
Desde los ovarios
quiero escribir desde los ovarios y entonces escribo:
No me asusta ser yo
o bien:
Estoy indispuesta y me duelen
(y es un poco lo mismo, ¿no?)
Vamos, Mujer,
que los ovarios saben fitrar angustias, que los ovarios expulsan de tu cuerpo las puntadas del rencor. Escurrí tus ovarios, Mujer, escurrílos y dejá salir eso que nada tiene que hacer adentro tuyo. Y qué importa si esos residuos supieron ser en otro tiempo un óvulo no fecundado, o sea una potencial creación, o sea una realidad que sólo vivió en tu imaginación, qué importa si no existe tal cosa, si en definitiva no supieron ser nada, si de ese deseo hoy sólo queda un terrible dolor, un punzante dolor abdominar que te retuerce y te malhumora, si la olvulación no sirvió para nada más que para la falta de fecundación. No dejes, Mujer, que nada de esa ausencia se quede con vos; dejá fluir en el afuera eso que no pudo ser más que fracaso.
Escurrí tu dolor desde los ovarios, desde la seguridad de saberte valiente y capaz, sufrida pero Mujer. Escurrí ese dolor que te ata a la cama, vos naciste con ese don, con el don de elaborar, procesar y expulsar tus deshechos, porque, Mujer, vos sos bien Mujer.
Ahora dejá que la sangre fluya; duele, incomoda, pero hay que superarlo. Es un pedazo de tiempo, es una parte del ciclo, y ya vas a estar mejor. Asegurate de sacar para afuera esa hinchazón de reoncores y angustias, de traiciones y desengaños. Derramá lejos tuyo toda la sangre del olvido, que ya vas a estar mejor. Que dentro de veintiocho días te toca de nuevo.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Surrealismo II
Mirando al norte estoy. Pensando en quién sabe qué, en cómo encontrar mi rumbo con esta brújula oscilante y desprolija, en cómo salir a buscar mi lugar en este mundo, en si será eso posible, en si existirá tal cosa, en... Y desde el sur, algo interrumpe mis pensamientos y me hace girar la cabeza.
Mirando al sur me encuentro, mirando oscuridad. De pronto el sol se apaga y con él todas las luces. Pero no se apaga la lluvia, ni el tacto ni el sonido con los que la siento. Escucho la lluvia. Me acerco. Es un hombre sentado en mi cama el que llueve. Llueve con una botella en su mano. Vuelco la botella sobre mi pecho para comprender que es real. Me mojo y entonces el hombre es real. Pero es desconocido (me pregunto cuán real es lo desconocido), y su piel me atrae para conocerlo. Empiezo a tocarlo. Con una sola caricia recorro desde su pelo hasta sus pies. Vuelvo sobre la cara y toco su boca que se entreabre y me moja los dedos. Descubro que sus labios son carnosos y los creo rojos. No hay sol, mis ojos se acostumbran a las sombras y ya creo ver imágenes. Toco su boca con mi boca; tengo que conocerlo a besos porque peco de romántica. Ya la botella se vació y la lluvia paró. Necesito más. Empiezo a desrropar furtivamente al desconocido; tengo que conocerlo desnudo porque peco de pasional. Le saco las capas de ropa, le saco el velo que lo oculta y lo aleja de mí. Pero no, pero no. No consigo saber quién es el desconocido. Lo beso desnudo. Le recorro el cuerpo a besos porque quizás así encuentre respuestas. Lamiendo su pecho siento que quiero más. Me siento en la falda del desconocido y hago que su pene recorra mi vagina. Primero me acaricio los labios con la cabeza, para entrar en confianza. Suave, despacio. Pero entonces ya me está penetrando y yo ya estoy gimiendo. El desconocido me resulta conocido. Lo creo familiar. Yo ya cogí con esa pija alguna vez. Lo mismo grito. Grito porque el desconocido coge muy bien. Y siento sus manos en mi espalda, subiendo y bajando, apretando. De pronto él también gime. Él también gime porque también yo le gusto. Y le mojo el cuello con besos. Pero así no, así no lo estoy conociendo. Sigo sin poder descifrarlo. Pero lo mismo sigo. Ahora estoy yo abajo y su mejilla toca mi mejilla. Sigo porque me gusta jugar con fuego. Porque no sé quién es el desconocido. Porque no me importa que sea quien yo temo que sea. Quiero jugar con fuego. Juguemos con fuego, desconocido, desconocido hombre, desconocida sensación, desconocido placer. Juguemos a ver qué pasa. Grito, eso pasa. Grito orgásmicamente porque acabo de llegar a ese punto con el desconocido. Y grito más. No quiero que se termine. Sigo gritando. Al desconocido le gusta que grite. Le gustan mis gemidos y lo hacen gemir. Y creo reconocer esos gemidos, pero no, pero no, no lo sé, no lo conozco, no es real, no puede ser real. Pero el placer, el placer tampoco es real, el juego, los gemidos, el desconocido, el orgasmo, el pene, el desnudo, la boca, la lluvia, la sombra, el sur, nada es real.
Mirando al sur me encuentro, mirando oscuridad. De pronto el sol se apaga y con él todas las luces. Pero no se apaga la lluvia, ni el tacto ni el sonido con los que la siento. Escucho la lluvia. Me acerco. Es un hombre sentado en mi cama el que llueve. Llueve con una botella en su mano. Vuelco la botella sobre mi pecho para comprender que es real. Me mojo y entonces el hombre es real. Pero es desconocido (me pregunto cuán real es lo desconocido), y su piel me atrae para conocerlo. Empiezo a tocarlo. Con una sola caricia recorro desde su pelo hasta sus pies. Vuelvo sobre la cara y toco su boca que se entreabre y me moja los dedos. Descubro que sus labios son carnosos y los creo rojos. No hay sol, mis ojos se acostumbran a las sombras y ya creo ver imágenes. Toco su boca con mi boca; tengo que conocerlo a besos porque peco de romántica. Ya la botella se vació y la lluvia paró. Necesito más. Empiezo a desrropar furtivamente al desconocido; tengo que conocerlo desnudo porque peco de pasional. Le saco las capas de ropa, le saco el velo que lo oculta y lo aleja de mí. Pero no, pero no. No consigo saber quién es el desconocido. Lo beso desnudo. Le recorro el cuerpo a besos porque quizás así encuentre respuestas. Lamiendo su pecho siento que quiero más. Me siento en la falda del desconocido y hago que su pene recorra mi vagina. Primero me acaricio los labios con la cabeza, para entrar en confianza. Suave, despacio. Pero entonces ya me está penetrando y yo ya estoy gimiendo. El desconocido me resulta conocido. Lo creo familiar. Yo ya cogí con esa pija alguna vez. Lo mismo grito. Grito porque el desconocido coge muy bien. Y siento sus manos en mi espalda, subiendo y bajando, apretando. De pronto él también gime. Él también gime porque también yo le gusto. Y le mojo el cuello con besos. Pero así no, así no lo estoy conociendo. Sigo sin poder descifrarlo. Pero lo mismo sigo. Ahora estoy yo abajo y su mejilla toca mi mejilla. Sigo porque me gusta jugar con fuego. Porque no sé quién es el desconocido. Porque no me importa que sea quien yo temo que sea. Quiero jugar con fuego. Juguemos con fuego, desconocido, desconocido hombre, desconocida sensación, desconocido placer. Juguemos a ver qué pasa. Grito, eso pasa. Grito orgásmicamente porque acabo de llegar a ese punto con el desconocido. Y grito más. No quiero que se termine. Sigo gritando. Al desconocido le gusta que grite. Le gustan mis gemidos y lo hacen gemir. Y creo reconocer esos gemidos, pero no, pero no, no lo sé, no lo conozco, no es real, no puede ser real. Pero el placer, el placer tampoco es real, el juego, los gemidos, el desconocido, el orgasmo, el pene, el desnudo, la boca, la lluvia, la sombra, el sur, nada es real.
sábado, 15 de enero de 2011
Triste letrista
Cómo te nombro ahora, que el tiempo arrasa con las denominaciones, que tampoco encuentro epíteto que te siente bien, que escribo mi camino con faltas de ortografía, que la única técnica narrativa que me sale es el monólogo interior (caótico y con hilo difuso), que prefiero la lítote a la definición, que mis sintagmas rodeados de rodeos resultan estresantes, que me rehuso a que seas mi apóstrofe y sin embargo acá estoy, que no cierran las métricas a pesar de las sinalefas y hiatos, que busco rimas abrazadas pero carezco de rimas, que no puedo evitar los versos con encabalgamiento, que me cansa la anáfora del "que", que al principio del cuento no está incluido el desenlace, que los sonetos me resultan cortos y los romances me superan, que mi pensar es un plenoasmo en redundancia (y lo es esta frase también), que no hay sintaxis posible para el desorden de mi cabeza, que mis razones no son más que polisíndeton sin isotopía, que a la poesía de mi cuerpo le falta el efecto estético, que con los pedazos de mi vida formo los distintos anagramas que vivo cada día, que con los pedazos de mi vida formo hipérbatos para reubicarme cada día, que no logro que la gradación vaya de bien a mejor, que no llego a ser antítesis y en cambio soy oxímoron, que juego a la prosopopeya de que las cosas me hablan, que me cuesta conjugar el número porque no sé cuántos somos, que la reiteración de tu persona en mi cabeza no es un recurso del artificio sino un error de redacción, que el hablar de mí a través de vos me suena a una sinécdoque errónea, que ya no me siento un palíndormo de tus palabras, que nuestro pasado es una gran antanáclasis, que la metáfora ya no te oculta porque la analizo demasiado, que de noche cuando me acuesto aparece la sinestesia de tu ausencia, que sólo espero que algún día tu recuerdo pueda ser una elipsis, que mi vida toda se ha vuelto una gran apócope, que quizás todo esto sea una gran hipérbole pero por algo tengo que escribirla, que entre tantos circunloquios, perífrasis y eufemismos, sigo sin poder nombrarte. Y es que cómo te nombro ahora si no sé quién sos, qué signo uso para un elemento del que no conozco ni significado ni significante. No sé tu nombre porque no te sé a vos.
Opté por nombrarte L. para reducir el espacio en mis hojas, para que pases de ser palabra a ser letra y punto. Opté por llamarte L. porque el pronombre universal él no te sienta, porque él son muchos y son todos y porque Él es uno solo.
Él es L., y L. me lee.
sábado, 1 de enero de 2011
Chau, no va más
Chau, presiones,
chau, exigencias,
chau desequilibrio
chau al no sincerarse,
chau a eso
Chau, soberbia, chau
Saberlo todo, ¡chau!
Chau a ser la mejor
chau a querer serlo
chau a intentar serlo
chau a llorar por no serlo
Chau, orgullo,
¡por favor!
chau, orgullo
Chau frustraciones,
chau decepciones
chau a la desilusión de ilusionarme
chau a idealizar al ideal
Chau a no quererme
chau a no querer quereme
Chau, mascaritas,
caretas amasadas
por el deseo de ser distinta
A todas ellas, ¡chau!
Chau a ser Otros
chau a mirarlos, a sentirlos,
a imitarlos, a modelizarlos
chau a no poder dejar de mirarlos
Chau inseguridades, chau,
chau a no poder mirarme al espejo
chau a no gustarme, ¡chau!
Hola 2011. ¡Hola!
chau, exigencias,
chau desequilibrio
chau al no sincerarse,
chau a eso
Chau, soberbia, chau
Saberlo todo, ¡chau!
Chau a ser la mejor
chau a querer serlo
chau a intentar serlo
chau a llorar por no serlo
Chau, orgullo,
¡por favor!
chau, orgullo
Chau frustraciones,
chau decepciones
chau a la desilusión de ilusionarme
chau a idealizar al ideal
Chau a no quererme
chau a no querer quereme
Chau, mascaritas,
caretas amasadas
por el deseo de ser distinta
A todas ellas, ¡chau!
Chau a ser Otros
chau a mirarlos, a sentirlos,
a imitarlos, a modelizarlos
chau a no poder dejar de mirarlos
Chau inseguridades, chau,
chau a no poder mirarme al espejo
chau a no gustarme, ¡chau!
Hola 2011. ¡Hola!
viernes, 31 de diciembre de 2010
Una rutina que me lastima (si no estás vos)
Y es lo mismo de nuevo
Apagar equipo, bajo la persiana,
me lavo los dientes, apago la luz,
y me acuesto a dormir
Pero ya no estás
No está tu desnudez esperando en mi cama
a que me desvista y vaya al encuentro
No te levantarás al otro día, ni acariciarás
mi espalda, ni me cosquillearás con amor
No escucharé un "Buen día" y mucho menos
un "Hasta mañana"
No te retendrán ya mis sábanas
que supieron abrazar tu cuerpo y el mío y los nuestros
No me encontraré en medio
de esas manos que me arropaban y me hacían temblar
No nos volveremos a ver la noche siguiente, no
No estarás en en ese río de turbadas aguas,
en ese empedrado afuera
donde hay autos y bares y música y cerveza,
entre esas gentes de voces infinitas,
en ese lugar que de pronto fundamos nuestro
No aparecerás en mi agenda que planea un nuevo plan,
que sueña verte y hacer, que te extrañaba cuando no estabas
No estarás en ese puente
que construimos nosotros,
que caminamos nosotros,
que rompimos nosotros
No estarás entre mis brazos que solían tenerte cerca
No estarás en mi boca que te hablaba,
te besaba, te admiraba, te deseaba
¡Si hasta en mis versos faltarás!
En mis rimas, en mis palabras,
cuando deje de escribir
sobre vos, de vos, con vos, por vos
Y así como en el papel
faltarás también en mi cabeza
Ya no pensaré en vos,
ya no te recordaré,
ya te habré arrancado,
ya te habré olvidado,
y un gusto amargo
tendrán ciertas cosas,
porque el esfuerzo
no será suficiente
para volver a encontrarte
en mis pensamientos:
ya te habré olvidado.
Y sé que no te amo ahora,
sé no puedo amarte ahora
En esta fría habitación no se ama,
en estas ganas desganadas no se ama
No puedo amar a ese vos-sin-mí,
tan sólo puedo a este yo-conmigo
Tendré que acostumbrarme
a apreciarte mucho,
a quererte mucho,
y a nada más
Sé que no puedo amarte ahora,
sé que eso es lo que me duele
Apagar equipo, bajo la persiana,
me lavo los dientes, apago la luz,
y me acuesto a dormir
Pero ya no estás
No está tu desnudez esperando en mi cama
a que me desvista y vaya al encuentro
No te levantarás al otro día, ni acariciarás
mi espalda, ni me cosquillearás con amor
No escucharé un "Buen día" y mucho menos
un "Hasta mañana"
No te retendrán ya mis sábanas
que supieron abrazar tu cuerpo y el mío y los nuestros
No me encontraré en medio
de esas manos que me arropaban y me hacían temblar
No nos volveremos a ver la noche siguiente, no
No estarás en en ese río de turbadas aguas,
en ese empedrado afuera
donde hay autos y bares y música y cerveza,
entre esas gentes de voces infinitas,
en ese lugar que de pronto fundamos nuestro
No aparecerás en mi agenda que planea un nuevo plan,
que sueña verte y hacer, que te extrañaba cuando no estabas
No estarás en ese puente
que construimos nosotros,
que caminamos nosotros,
que rompimos nosotros
No estarás entre mis brazos que solían tenerte cerca
No estarás en mi boca que te hablaba,
te besaba, te admiraba, te deseaba
¡Si hasta en mis versos faltarás!
En mis rimas, en mis palabras,
cuando deje de escribir
sobre vos, de vos, con vos, por vos
Y así como en el papel
faltarás también en mi cabeza
Ya no pensaré en vos,
ya no te recordaré,
ya te habré arrancado,
ya te habré olvidado,
y un gusto amargo
tendrán ciertas cosas,
porque el esfuerzo
no será suficiente
para volver a encontrarte
en mis pensamientos:
ya te habré olvidado.
Y sé que no te amo ahora,
sé no puedo amarte ahora
En esta fría habitación no se ama,
en estas ganas desganadas no se ama
No puedo amar a ese vos-sin-mí,
tan sólo puedo a este yo-conmigo
Tendré que acostumbrarme
a apreciarte mucho,
a quererte mucho,
y a nada más
Sé que no puedo amarte ahora,
sé que eso es lo que me duele
sábado, 25 de diciembre de 2010
Y se deshace el revolucionario...
Se deshace lo revolucionado
y hasta la misma revolución
Se deshacen el murguero,
su platillo, su tradición
Se deshacen los amigos,
el fernet y la pasión
También el antropólogo,
toda la cultura y fascinación
Y el rockero y el rollinga
y ese hippie seductor
y la lectura y el discurso
y las ansias de superación
y la plaza y el mate
y mi sereno conductor
Se deshacen la artista,
la música, la tanguera
Se deshace la amistad,
la locura sin fronteras
Se deshace la búsqueda,
preguntar sin tener respuestas
Se deshace la iniciativa
de encontrar cosas nuevas
o también la de volver
sobre algunas cosas viejas
Y la consciencia de estar
de este lado de la vereda
y el día feliz
y la noche fiestera
O tal vez no.
Tal vez no todo
haya sido
por este amor
consumido
Algo tiene que haber
detrás de ese aire tan frío
Algo que dude y resurja
y que forje otro nido
Quizás algún día
vuelva conmigo
O tal vez no.
Tal vez vuelva a enamorarme
de todo lo deshecho
pero no puedo saberlo
con mi cabeza en su pecho
Ya estuve mucho tiempo
sin saltar este trecho
llorando cada vez
que soltaba mi pelo
Quizás algún día
encuentre algo nuevo
y hasta la misma revolución
Se deshacen el murguero,
su platillo, su tradición
Se deshacen los amigos,
el fernet y la pasión
También el antropólogo,
toda la cultura y fascinación
Y el rockero y el rollinga
y ese hippie seductor
y la lectura y el discurso
y las ansias de superación
y la plaza y el mate
y mi sereno conductor
Se deshacen la artista,
la música, la tanguera
Se deshace la amistad,
la locura sin fronteras
Se deshace la búsqueda,
preguntar sin tener respuestas
Se deshace la iniciativa
de encontrar cosas nuevas
o también la de volver
sobre algunas cosas viejas
Y la consciencia de estar
de este lado de la vereda
y el día feliz
y la noche fiestera
O tal vez no.
Tal vez no todo
haya sido
por este amor
consumido
Algo tiene que haber
detrás de ese aire tan frío
Algo que dude y resurja
y que forje otro nido
Quizás algún día
vuelva conmigo
O tal vez no.
Tal vez vuelva a enamorarme
de todo lo deshecho
pero no puedo saberlo
con mi cabeza en su pecho
Ya estuve mucho tiempo
sin saltar este trecho
llorando cada vez
que soltaba mi pelo
Quizás algún día
encuentre algo nuevo
viernes, 10 de diciembre de 2010
Piecesitos
Hace un tiempo, olvidé que lo que tenía para entregarle al otro era mi mano, y jamás mis pies. Porque mis pies, son lo único de lo que tengo el control absoluto, porque es con ellos con quienes tomo mis decisiones, porque son los únicos que nunca van a dejar de estar pegados a la tierra realidad, porque sin pies no hay rumbo por el que andar, ni camino que recorrer, ni pasos que dar, ni tiempos que marcar, ni puentes que cruzar, ni senderos para disfrutar, ni rutas para correr, porque sin pies no se puede armar y desarmar caminos, lanzarse tras objetivos, investigar terrenos, porque de los propios pies nunca hay que salir, porque sin ellos no hay elección libre y autónoma. Mis pies son mi base, mi propiedad, mi identidad, quienes me recuerdan un trayecto y me proponen nuevas metas, y si los pierdo, pierdo gran parte de mí.
Pero hace un tiempo lo olvidé. Los confundí, dejé que nos pisáramos, que nos descalzáramos, que nos fundiéramos en un solo par de pies. Lo olvidé. Y creí que estaba bien "que confundiéramos nuestros zapatos por la costumbre de caminar juntos". Realmente lo creí y hoy me doy cuenta de que habría sido mejor compartir un guante o una manopla. Si hace un tiempo lo olvidé, lo negué o me convino olvidarlo, hoy, desde la distancia desde la que se ve todo, recuerdo que uno no toma al otro de los pies, sino de las manos. Porque no está mal amasar una realidad de a dos, no está mal construir una historia manualmente, no está mal compartir nuestros caminos: está mal creer que de uno solo se trata, que nuestro camino es uno y es el mismo, perder la noción de qué es propio, qué es ajeno y qué es compartido, entregar hasta nuestras voluntades individuales. Mi camino es mío y sólo lo trazo yo. ¡Y cuánto más lindo es caminar tomándote de la mano!, pero seguir avanzando sobre mi propio rumbo y nunca perder de vista que soy mi propiedad, mi responsabilidad, que mi compromiso conmigo misma es el primero porque sé que valgo, lo sé y no tengo escrúpulos en decirlo. Cuánto más lindo de la mano... ahora comprendo. Y es que cuanto más libres de nuestras manos sean nuestros pies, más largos y fuertes se harán los brazos del enlace. Disfrutaríamos de ver a nuestros propios pies crecer, hacia arriba, hacia adelante, por los costados, si al fin y al cabo se trataría de una decisión personal. Nuestros cuerpos se verían divididos en tres partes distintas: vos, yo, nosotros, viviendo de a dos pero sin dejar de ser uno. La independencia no se vería opacada por el vínculo, por el contrario lo nutriría con esa confluencia entre dos pares de pies que con determinación, buscan seguir siendo dos. Y entonces, mientras anduviéramos cerquita (porque así nuestros pies lo decidieran), seguramente y sin vacilar, nuestras manos se atraerían para tomarse y formar el puente del compartir, de la comunicación, del interés y la atención, del respeto, de la confianza, de los aprendizajes, y de todo lo que se nos diera la gana darnos. Y el amor no es más que eso.
El hecho es que ahora, que acabamos por soltarnos las manos, ahora vuelvo a ver a mis pies, y no me queda más que prometerles que nunca más los voy a perder, no me queda más que reencontrarme conmigo misma y marcarme un lindo camino para conmigo recorrer.
Pero hace un tiempo lo olvidé. Los confundí, dejé que nos pisáramos, que nos descalzáramos, que nos fundiéramos en un solo par de pies. Lo olvidé. Y creí que estaba bien "que confundiéramos nuestros zapatos por la costumbre de caminar juntos". Realmente lo creí y hoy me doy cuenta de que habría sido mejor compartir un guante o una manopla. Si hace un tiempo lo olvidé, lo negué o me convino olvidarlo, hoy, desde la distancia desde la que se ve todo, recuerdo que uno no toma al otro de los pies, sino de las manos. Porque no está mal amasar una realidad de a dos, no está mal construir una historia manualmente, no está mal compartir nuestros caminos: está mal creer que de uno solo se trata, que nuestro camino es uno y es el mismo, perder la noción de qué es propio, qué es ajeno y qué es compartido, entregar hasta nuestras voluntades individuales. Mi camino es mío y sólo lo trazo yo. ¡Y cuánto más lindo es caminar tomándote de la mano!, pero seguir avanzando sobre mi propio rumbo y nunca perder de vista que soy mi propiedad, mi responsabilidad, que mi compromiso conmigo misma es el primero porque sé que valgo, lo sé y no tengo escrúpulos en decirlo. Cuánto más lindo de la mano... ahora comprendo. Y es que cuanto más libres de nuestras manos sean nuestros pies, más largos y fuertes se harán los brazos del enlace. Disfrutaríamos de ver a nuestros propios pies crecer, hacia arriba, hacia adelante, por los costados, si al fin y al cabo se trataría de una decisión personal. Nuestros cuerpos se verían divididos en tres partes distintas: vos, yo, nosotros, viviendo de a dos pero sin dejar de ser uno. La independencia no se vería opacada por el vínculo, por el contrario lo nutriría con esa confluencia entre dos pares de pies que con determinación, buscan seguir siendo dos. Y entonces, mientras anduviéramos cerquita (porque así nuestros pies lo decidieran), seguramente y sin vacilar, nuestras manos se atraerían para tomarse y formar el puente del compartir, de la comunicación, del interés y la atención, del respeto, de la confianza, de los aprendizajes, y de todo lo que se nos diera la gana darnos. Y el amor no es más que eso.
El hecho es que ahora, que acabamos por soltarnos las manos, ahora vuelvo a ver a mis pies, y no me queda más que prometerles que nunca más los voy a perder, no me queda más que reencontrarme conmigo misma y marcarme un lindo camino para conmigo recorrer.
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