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lunes, 9 de septiembre de 2013

No cruces esa puerta

Quedate ahí
No te acerques más
No cruces esa puerta

Dejame ahí,
en ese lugar donde soy
linda-inteligente-divertida

No intentes conocer nada más
No descubras
que duermo más que lo normal
que sueño y planifico absurdos
que en invierno no me depilo

Quedate ahí
¿Para qué querés avanzar más?
¿Para qué querés cruzar la puerta?

Dejame ahí,
detrás de ese vidrio
donde no sentimos ni sufrimos

No intentes conocer nada más
No voy a entregar
lo que soy detrás de bambalinas
lo que soy cuando estoy sola
lo que no quiero que conozcas

domingo, 21 de julio de 2013

Separarse es como dejar de fumar
Es como pensar en el infinito
Es saber que nunca, nunca más

Vas a besar a ese cigarrillo

martes, 24 de abril de 2012

2 - Sonsos


El humo se desvaneció en la habitación y el cigarrillo de Amanda se encendió con otra pitada. Inclinó su cuerpo contra el respaldo de la cama y miró fijamente hacia adelante mientras fumaba. Simón le apoyó la cabeza sobre su torso desnudo. El pelo morocho le caía hasta la cintura, y él se divertía enroscando y desenroscando sus dedos con las puntas florecidas que estaban como azotándole el cuello. No se oía más que el cigarrillo contra el cenicero y el pelo en los dedos.
- ¿Por qué? -pudo al fin decir Amanda.
- ¿Por qué qué?
- Por qué todo -Amanda dejó salir el humo por la nariz, le clavó la mirada y supo que a Simón le pesaba. Él se incorporó, la agarró de la cara, le hundió las manos en el pelo, la miró profundamente en los ojos.
- ¿Cada vez que estamos juntos te vas a preguntar lo mismo?
- No, no te preocupes que cuando estoy sola también me lo pregunto -respondió burlonamente Amanda, sonrisa cálida de por medio. Simón la besó, sus manos ya estaban perdidas en esa maraña de pelos, la besó otra vez, y otra, besos cortos y precisos, y entre tanto sonrisa cálida.
- Sonsa...
Amanda callaba. Miraba hacia otro lado, fumaba, sentía una boca húmeda en el cuello, se hacía la indiferente, apagaba el cigarrillo, se incorporaba, se sentaba en la cama, sentía una mano en su panza, una mano que la tiraba hacia el centro de la cama, hacía fuerza para adelante, se levantaba de la cama, decía dejame, se acercaba a la computadora, quería poner música, ponía Los Piojos, volvía a la cama, se sentaba, se acostaba, se tiraba sobre Simón, decía yo no te quiero nada a vos, escuchaba yo a vos tampoco, qué bueno que nos sinceremos, lo besaba, sentía una mano recorriendo sus muslos, lo soltaba brutamente, te dije que no te quería, yo también te dije que no te quería, sonsa, sentía un beso en la mejilla, otro más, ahora bajando, en el cuello, en un hombro, en la espalda, en la nuca, en el cuello, en la boca, se reía, no me digas más sonsa, volvía a acostarse, ahora boca abajo, y en serio no te quiero nada.
- Tus labios de seda, son la luz de mi condena -cantaba Simón mientras miraba para adelante, como si no le importaran las palabras, ni los besos, ni nada-... ¿Ya no te gusta que te cante, negra?
- No, porque cantás mentiras -respondió Amanda desde abajo de la sábana.
- ¿Mentiras...? ¿Qué querés decir?
- Ya te conozco -se incorporó sosteniéndose con sus manos hundidas en el colchón y sus brazos extendidos-, ahora empezás diciendo no sé qué de mis labios, después vas a seguir con cuánto tiempo más tendremos que esperar, y después sos la llave hacia otro lado, y así todo el tiempo. Pero en realidad no sentís nada de eso.
- ¿Y vos qué sabés que siento yo? -la miró desafiante.
- Ay por favor, Simón. Si sintieras todo eso las cosas hoy serían distintas.
- ¿Y cómo serían, a ver? -truco-. ¿Cómo te gustaría que fueran las cosas? -cantó el re-. Explicame porque ya no lo entiendo... -vale cuatro.
- No sé -dijo enojada, no sabía bien con quién-. Por lo pronto no estaríamos teniendo esta discusión -añadió siendo esto lo único que le ocurrió, no podía decir qué era lo que en realidad quería.
- Esta discusión la empezaste vos, te recuerdo...
- Claro, ahora estamos entrando en la etapa en la que la culpa de todo es mía, ¿no? -interrumpió irónica-. Pero si te conozco de manual a vos... "Todas las discusiones las empezás vos, ¿no te das cuenta?", "Pero si estamos bien nosotros, ¿qué más querés...?", "Ah, así que querés que te escuche, ¿qué más? ¿que te quiera, decís...? ¿Y eso cómo se hace?"...
- Mirá, Am -interrumpió indignado-. Yo te quiero, ¿sí? Primero, antes que nada -se detenía, no sabía muy bien cómo hablar-. Que quede claro eso, que te quiero mucho, que sos importante para mí -miraba para otro lado, de nuevo a los ojos, de nuevo se perdía-. Y la paso muy bien con vos, ¿vos no la pasás bien conmigo...? -silencio-. ¿Eh...? Contestame, sonsa...
- Te dije que no me dijeras más así.
- Bueno, tonta, bobita, linda, loca linda, ¿cómo querés que te diga?
- Amanda.
- Bueno, okey, Amanda. ¿Vos no la pasás bien conmigo?
- Qué se yo, pero eso qué tiene que ver... No me mezcles las cosas, no me confundas.
- No te confundo, Am... Pero es que no nos entendemos. Hay como una barrera en nuestra comunicación. Yo no sé muy bien qué es lo que vos esperás de mí, y vos no sabés cuánto te valoro yo...
- ¿No sabés qué espero de vos?
- O sí lo sé, pero no entiendo muy bien cómo se hace...
- O no querés saber nada.
Simón no supo decir nada. Un silencio se produjo después de tantas palabras tiradas al techo como si nada, casi sin pensar en lo que se decía, en cómo se decía, casi sin pensar en nada. De fondo sonaba la voz de Ciro, Vine hasta aquí / para poder abrazarte y sentí / que ya tus brazos se niegan a ir / hacia los míos lentos.
- No sé para qué vine -dijo Amanda.
- Viniste para estar conmigo, para que estemos juntos, ahora de repente no digas que no la pasamos bien, negra.
- Sí, pero creo que ya me quiero ir.
Simón suspiró y hundió su cuerpo cansado en los almohadones. Amanda se vestía sentada en los pies de la cama. Voy a mentir / cuando les diga que ya superé / que nunca hubo dolor en mi piel / que nada tuyo existe, nena, no. Silbaba, tarareaba y entre tanto largaba una palabra. No se volteaba para mirarlo, le daba la espalda mientras se subía drásticamente el jean, y se volvió a sentar. De pronto tuvo la cara de Simón en sus rodillas, le dijo: "No te vayas, linda, hablemos", no sabía cómo había hecho para moverse tan rápido, pero no, no quiero hablar más, me cansa hablar, pero esuchame, son... escuchame, negrita, escuchame, si no tenés nada para decir, qué hablas, me vas a decir las mismas cosas de siempre, y lo que más me molesta no es que me digas siempre las mismas cosas, lo que me molesta es que es lo mismo que le decís a todas, uy ya empezás a decir pelotudeces Amanda, qué pelotudeces gil, dejame pasar que me quiero ir, vení acá, hablemos, no, primero pensá y después hablamos porque si no terminamos en lo mismo boludo, me voy, en serio, me voy, no, no Simón, no empecés, ya sabés que me da cosquillas eso, no, no, dale, me voy, no, basta, en serio, en serio, ay, no, así no, pará, me estaba yendo yo, no, no me voy a quedar una mierda, qué hacés, ¿otra vez?, no, éste es el corpiño difícil, te ayudo, qué bobo que sos eh, no me gusta que me digas sonsa, no sé, me parece que me subestimás, yo no me lo merezo y lo sabés, no, tierno no es, y en realidad yo no me merezco nada de esto, basta con las cosquillas, te estoy hablando, ¿me estás desnudando para que salga así a la calle?, porque mirá que ya me voy, sí, me voy, y la gente me va a gritar cosas por la calle, ¿qué?, ¿a dormir?, estás loco vos, estás totalmente loco, loco lindo, tan lindo, estás re loco chabón, salí, loco, bueno, está bien, bueno, me quedo.

Siempre cambiante, pero siempre igual / Solita, hermosa y distante...

jueves, 6 de octubre de 2011

Términos y Condiciones para Amar a la Mujer Rota

1) Si me va a amar, ámeme a toda mí. No soy pedazos de tiempo, soy un combo completo. No es posible seleccionar algunas partes y desechar otras, y tampoco existe la opción de "Agrandá tu combo" por dos pesos. Soy lo que soy, lo que me sale ser, y si todo eso no lo enamora, simplemente no fuerce el enamoramiento y aléjese.
2) Nunca pero nunca, me diga que soy la mejor en algo (es el error que viene cometiendo mucha gente en mi vida, y por lo que cargo con la cruz de las sobreexigencias y las frustraciones). En todo caso dígame que, para usted, soy la persona más especial, pero que allá afuera soy una más.
3) Nunca corte el hilo de mis ambiciones. La vida para mí es encontrar objetivos y correr tras ellos. Si me pone palos en la rueda, o bien me deja sin objetivos -y sin vida-, o bien las cosas empiezan a andar mal entre nosotros. Acompáñeme en mis elecciones, aliénteme y míreme desde el puente.
4) Ábrame de par en par las puertas de la confianza. Y manténgalas abiertas desde el comienzo hasta el final. No es fácil para mí hablarle a los demás sobre mí: demuéstreme que le importa que le hable de mí, pregúnteme, indague, siéntame, descubra. Y entonces sí voy a hablar, entonces sí voy a deslizar las palabras por mis labios ¡y ya no habrá nadie que me pare! Ese día será el día en que sienta que empezamos a confiar en nosotros.
5) Cuando hablo de las cosas que no sé hacer, entienda que es algo que me cuesta. En consecuencia, no se burle de mí; sólo hágame entender que "está todo bien", que algún día voy a tener que aprender a reirme de mí.
6) No me censure nunca, déjeme ser. Cuando me ponga a cantar a los gritos una canción de Cristian Castro, cuando tenga ganas de dormirme mirando Tom y Jerry, cuando baile sola y como una loca en medio de la cocina algún tango que me gusta mucho, cuando me ponga a correr en la vereda, cuando le sintetice el análisis que me surgió determinado texto... Respete mis impulsos y no los reprima: recuerde que a ellos también los tiene que amar.
7) Sé que puedo parecer fuerte y dura, pero le aseguro -y lo digo por experiencia propia- que si escarba un poquitito se encontrará con una Yo tierna y débil. Aproveche la ternura, porque cuando me entrego, me entrego en serio; pero nunca se aproveche de mi debilidad, no me haga creer que ésa soy yo para su conveniencia: yo soy la fuerte y dura, sólo que a veces el tiempo me pone blandita.
8) No quiera conocerme de una vez y para siempre; no se dé a conocer de una vez y para siempre. Conozcámonos por etapas, como si fuéramos dos cebollas, vayámonos sacando capa por capa sin apuros, disfrutando de cada una. Y guardemos siempre el centro (que llamaremos "intimidad" o "privacidad") para cuando estemos seguros de que eso también lo queremos entregar.
9) No intente esconderse detrás del orgullo, conmigo el orgullo ajeno no funciona: el propio siempre le gana. La palabra que más me gusta escuchar de otro es "Perdón", no sólo porque me lo dicen sino porque así también me enseñan a decirla.
10) No deje que lo quiera cambiar. Si algún día empieza a percibir eso, use estas palabras: "No intentes cambiarme", y entonces voy a saber que tendré que buscar otra forma de entrarle.
11) Póngame en mi lugar si le llego a faltar en algún momento al respeto, de la forma en que sea. A veces me voy de mambo y lo sé, pero si me lo hace notar, ¡juro que puedo cambiarlo!
12) No dejemos que nuestro amor se convierta en una abstracción, que nuestro amor sólo sea “estar juntos”. Amémonos en la tierra Realidad (y no en la tierra Romanticismo), amémonos en cosas concretas (y no en palabrerío absurdo), amémonos mirándonos a los ojos pero también compartiendo con esas otras gentes que están ahí afuera a las que queremos mucho y que nos quieren también.
13) Nunca deje de decirme algo que le molesta o lo aqueja; no permita que llegue el día en que yo deje de decirle algo que me molesta o me aqueja. No perdamos nunca la sinceridad ni la comunicación fluida, porque es ley: tema que no se habla, tema que se convierte en tabú.
14) Si algún día le llega a pasar algo así como que no sabe muy bien qué es lo que quiere para usted, para su vida, para nosotros... no deje que mi obsesión por planear todo nos opaque. Sólo demuéstreme lo lindo que puede llegar a ser levantarse un día con el planteo de preguntarse quién es uno y con el desafío de tener que salir a buscar la respuesta; lo lindo que puede llegar a ser poder vivir sin saberlo todo, sin controlarlo todo, dejando que a veces la vida te sorprenda y te invite a vivir lo desconocido.

Aclaraciones finales:
- Se admite que el pretendiente sea un Hombre Roto (puesto que estos son los únicos que han tenido la enorme valentía de amar).
- Se acepta -e incluso se prefiere- que el pretendiente traiga consigo sus propios Términos y Condiciones. Se puede prever una cita inicial, en la que se pondrán ambos listados en la máquina de La Compatibilidad Amorosa, la cual determinará mediante una serie de cálculos, si nuestra relación podría o no tener futuro. En cuyo caso, todo habrá quedado como una sola cita de iniciación, y usted aparecerá en mi recuerdo, tan sólo como un no-correspondido más.

Habiendo el pretendiente sido previamente advertido por estos Términos y Condiciones, se da por supuesto que entiende que está ante una Mujer Rota. Ya lo dice aquel tango: "Además hay un motivo para quererte y cuidarte: / Se adivina con mirarte que no te han querido bien". Aún así estoy convencida de que no todos los hombres tienen los huevos suficientes como para amar a una Mujer Rota (e incluso a cualquier mujer). Sé, por lo tanto, que con esta advertencia correré el riesgo de espantar a unos cuantos. Pero me consuela saber que el espantarlos ahora, me ahorrará unos cuantos sufrimientos venideros. Sólo quedará un pretendiente, aquel que realmente esté dispuesto a amarme -conociendo todas las particularidades del caso-; tal pretendiente, será el único que valga la pena.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Fumarte es perjudicial para mi salud

No me cabe duda de que en tu esencia
                                    hay nicotina.
No me cabe duda de que probarte
                           fue un viaje de ida.

Te prendo / te fumo / te apago.
Y de nuevo quiero otro poquito.
Mientras escribo te pienso.
Pienso en que otro más necesito.

No quiero depender de vos.
Y me duele no saciarme
No quiero atarme a tu atado.
Y cómo hacer para escaparme.

Pero me seducís
apagado y sin presión.
Me gusta encenderte
y verte en acción.

Sos brasa cuando brillás
                           en la plenitud
de ese corto tiempo que durás.
Y ceniza te vas haciendo
                             en la tristeza
de esa facilidad con la que me dejás.

Yo te consumo / pero siento
que vos me vas consumiendo.
Entrando en mi pecho para quedarte
y yéndote como humo en el aire.

Si al fin y al cabo,
de tus decisiones soy esclava
Vos sabés lo que yo
suelo dar por una pitada.
A vos igual te da,
y no te importa nada.

Mientras yo mi vida voy dejando
vos todo el poder vas ganando.
Y de eso se trata el juego
                de esta adicción
que a vos te gusta jugar
                 y a mí tanto no.

Al eterno y recurrente dilema
de no saber si dosificar o dejarte,
siempre reacciono desesperada
    y fumo mucho más que antes.

sábado, 23 de abril de 2011

Tiempo de descuento

Tic tac
tic tac
dijo que llamaría
tic tac
dijo que vendría
tic tac
tic tac
o que yo iría
tic tac
dijo que nos veríamos
tic tac
tic tac
dijo, él dijo
tic tac
dijo y yo, no dije nada más que
tic tac

Y ahora lo espero
tic tac
espero que llame
tic
que venga
tac
que me invite
tic
que nos veamos
tac
Espero
tic tac
avanza el
tic tac
desperdicio el
tic tac
me consume el
tic tac
no soporto el
tic tac
me ilusiona el
tic tac
sigue sin parar el
tic tac

El teléfono
tic tac
su llamada
tic tac
“al final no puedo”
tic tac
“nos vemos mañana”
tic tac

Y mientras suena el maldito
tic tac
y la ilusión
tic tac
y el desperdicio
tic tac
suena el maldito rencor
tic tac
y la desilusión
tic tac
y el enojo
tic tac
y la bronca
tic tac
y otra vez el
tic tac
y mi malhumor
tic tac
y ahora qué
tic tac
y ahora nada
tic tac

Y entre tanto
tic tac
se hace mañana
tic tac
y mañana nos vemos
tic tac
y hoy es mañana
tic tac
y entonces dudo
tic tac
¿sonrisa o cara de culo?
tic tac
¿lo digo o lo callo?
tic y tac
¿dejo que él siga diciendo
tic tac
y tic tac?
¿no será hora de mi propio
tic tac?
ya no quiero tu
tic tac
ahora busco mi
tic tac

Pero llegan sus ojos
tic tac
y sonrío
tic tac
y está todo bien
tic tac
te perdono
tic tac

Y el tic tac
vuelve a empezar
tic tac
sigue girando el
tic tac
y es lo mismo de nuevo.


Tic tac.

domingo, 17 de abril de 2011

Ser

Dejar de preguntarme quién quiero ser
                                                           / para por fin responderme quién soy.
Dejar de preguntarte quién soy para vos
                                                          / para por fin responderte quién soy para vos.

Soy como esa brisa que te arranca una sonrisa
Soy como esa música que te hace una caricia
Soy la poesía de un cuerpo que te apasiona
Soy el impacto de un caracter que te enloquece
Soy un arte que te alegra y te encandila
Soy el tiempo que te envuelve y te conoce

Soy tomar mate a la mañana
Soy mirar la tele antes de dormir
Soy escuchar música mirando el techo
Soy leer un libro al aire libre
Soy abrir la ventana
/ y que brille mucho el sol
Soy despertarse a besos
Soy dormirse abrazados
Soy llamarte cuando estás mal
Soy levantarte el ánimo
/ cuando pierde Gimnasia
Soy cosas chiquitas
soy toda chiquita
/ pero te encanto

sábado, 19 de marzo de 2011

Puro equitativismo

ELLA:- No te voy a mentir. Tengo miedos.
ÉL:- Me imaginaba. Pero no hay nada que hacerle, che.
ELLA:- ¿No...? ¿No tenés nada para decirme...?
ÉL:- No sé, los miedos ya los vas a ir perdiendo, supongo. Los melones se acomodan cuando el carro está andando, diría mi abuela.
ELLA:- Pero yo necesito otra cosa...
ÉL:- Tranquila, ya va a pasar. Ahora tenés miedo porque estás insegura, pero dentro de unos días todo va a estar bien.
ELLA:- No, no me entendés...
ÉL:- ¿Y qué se supone que te tengo que decir?
ELLA:- ¡Solamente quiero que me digas que vos también tenés miedos, negro!
ÉL:- Ah bueno, pero al final... tus planteos son puro equitativismo.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Desde los ovarios

quiero escribir desde los ovarios y entonces escribo:
No me asusta ser yo
o bien:
Estoy indispuesta y me duelen
(y es un poco lo mismo, ¿no?)

Vamos, Mujer, 
que los ovarios saben fitrar angustias, que los ovarios expulsan de tu cuerpo las puntadas del rencor. Escurrí tus ovarios, Mujer, escurrílos y dejá salir eso que nada tiene que hacer adentro tuyo. Y qué importa si esos residuos supieron ser en otro tiempo un óvulo no fecundado, o sea una potencial creación, o sea una realidad que sólo vivió en tu imaginación, qué importa si no existe tal cosa, si en definitiva no supieron ser nada, si de ese deseo hoy sólo queda un terrible dolor, un punzante dolor abdominar que te retuerce y te malhumora, si la olvulación no sirvió para nada más que para la falta de fecundación. No dejes, Mujer, que nada de esa ausencia se quede con vos; dejá fluir en el afuera eso que no pudo ser más que fracaso.

Escurrí tu dolor desde los ovarios, desde la seguridad de saberte valiente y capaz, sufrida pero Mujer. Escurrí ese dolor que te ata a la cama, vos naciste con ese don, con el don de elaborar, procesar y expulsar tus deshechos, porque, Mujer, vos sos bien Mujer.

Ahora dejá que la sangre fluya; duele, incomoda, pero hay que superarlo. Es un pedazo de tiempo, es una parte del ciclo, y ya vas a estar mejor. Asegurate de sacar para afuera esa hinchazón de reoncores y angustias, de traiciones y desengaños. Derramá lejos tuyo toda la sangre del olvido, que ya vas a estar mejor. Que dentro de veintiocho días te toca de nuevo.

sábado, 19 de febrero de 2011

Mi primer cuento que no tiene título todavía porque no soy muy buena para eso

La luz apagada siempre hace que el sentido de la vista se suprima y que entonces los otros sentidos tomen protagonismo. Por las noches, el que más se impone por lo general es el oído, se escucha todo perfectamente. El despertador es un sonido, y no hay nada peor que que nos despierte un sonido o que un sonido nos impida dormir; la paz pasa por el silencio y la desesperación por los ruidos molestos.
Tenía la cabeza apoyada en su pecho, era ya muy tarde y estaba cansada, lo único que pedía para esa noche era poder dormir tranquila. Escuchaba perfectamente ese latido constante y puntual, con un ritmo determinado, una melodía vaga, una armonía discutible, pero un pulso perfecto, tan justo y preciso. La canilla goteaba a lo lejos pero eso era lo de menos, ya estaba acostumbrada a que perdiera, a que el plomero jamás la dejara bien, a olvidarse volver a llamarlo, había cosas a las que una se podía acostumbrar. Muchos colectivos se escuchaban por la ventana, pero eran años de vivir en esa casa, había cosas que no importaban mucho a esa altura de la vida, a esa altura de la noche, a esa altura del sueño. También la respiración era algo que ya casi ni se escuchaba, el intercambio gaseoso es entendible en una persona aún viva, pero todo tiene su límite, cuando ya se convierte en acordes groseros, ahí sí que se escucha, en rugidos poco elegantes, vibraciones desagradables, como si fuera un gordo en el sillón del living el que se ha quedado dormido, con la televisión prendida, panza para arriba, típica postura de un vago que nada ha hecho durante el día, cuando es la mujer la que siempre se encarga de limpiar, ir a buscar a los chicos al colegio, preparar la cena, el almuerzo, el desayuno y las meriendas, el fenómeno acústico es entendible si lo único que se ha hecho en el día es estar detrás de un escritorio cumpliendo la jornada, sin desgaste, sin cansancio, sin preocupaciones por la casa, la económica familiar, la gotera del baño, ese maldito plomero, claro que se dormirá primero entonces, y el jadeo súbito no dejará dormir a la que sí tiene esas cosas en la cabeza, que quiere salir adelante, llegar a fin de mes, brindarle un futuro a sus hijos, recuperar la pasión y la vivacidad juvenil, es perfectamente entendible que él se duerma primero y que su estúpido y desagradable intercambio gaseoso desfavorezca la paz matrimonial nocturna, nadie puede negarlo.
Le apoyaba los dedos sutilmente en los labios, chistaba con esperanzas de que los ruidos desaparecieran, no importaban los colectivos ni la gotera, que se apagaran los latidos si era necesario para poder dormir tranquila, pero tampoco importaba el ruido en realidad porque ya se trataba de algo más. Tapaba su boca con una mano pero entonces el fenómeno se emitía por la nariz, no había muchas opciones, daba vueltas en la cama, volvía a apoyar la cabeza en su pecho, escuchaba ese latido constante y puntual, justo y preciso que decía que él estaba ahí, los dedos comenzaron a descender y a esbozar caricias en su pecho, hasta escuchar su voz de gruñón por las mañanas, entonces la mano subía y se apoyaba nuevamente en el cuello, un "callate un poquito" al oído, mil instancias agotadas, la mano que seguía en el cuello, la cabeza en el pecho, el latido constante, en el cuello haciendo presión, ahora con dos manos, seguía chistando, el rugido comenzaba a atolondrarse, sus ojos se mantenían cerrados, su boca se abría más, casi gritando, la respiración se complicaba, la presión continuaba, pero el rugido también, y entonces qué podía hacer, el rugido ya era casi esporádico, no importaba qué estaba pasando porque el rugido se iba apagando, los medios eran efectivos, por fin alcanzaría el bendito sueño, apagar ese sonido y cualquiera que provenga de él, entonces volví a apoyar la cabeza en su pecho pues ya había alcanzado el objetivo máximo. Los rugidos poco elegantes habían callado, los ruidos externos persistían pero eran lo de menos, ya ni siquiera se escuchaba ese latido vago, aquel con un pulso perfecto, tan justo y preciso.

martes, 11 de enero de 2011

Un tango errante/errado

"Que decís que un tango errante
no te hace perder la calma"
Celedonio Flores

El paso básico te dice como al oído: uno adelante - derecha - atrás - atrás - cruzo - atrás - izquierda - cierro. El patio sucio y colorido es tu salón. Tu compañero te lleva con un abrazo entre seductor y opresor, te indica el rumbo con sus dedos apretando fuerte un omóplato, una palma o un cachete. Bailan ahora el preciso tiempo que marca el piano. Pero sólo porque él quiere, sólo porque él quiere porque bien sabés que te gustaría estar bailando el bandoneón. Vuelan por tu cabeza las esbeltas figuras que esbozarías sin prisa. Si él quisiera, claro. Pero vos estás ahí porque él decide que te desea y te compra, para que todos los demás puedan verte en su poder, atractiva pero suya en ese dos por cuatro que él elige cómo danzar.

sábado, 8 de enero de 2011

Latinoamérica, Poesía y Mujer

¿Por qué será que las poetisas latinoamericanas la pasan tan mal...? Pizarnik, Storni, Vilariño... siempre pasándola mal. Del otro lado, en cambio, podemos encontrar un Galeano, un Benedetti, un Neruda que tiernamente hablen de felicidad. Pero las muchachas, siempre hablando de muerte y fin, de soledad y ahogo. Aunque es cierto, es lógico. La doble opresión se siente en la literatura. La sangre derramada por la Patria Grande se siente en la literatura. Es una curiosa característica del mix género-continente. Pero lo digo indignada, eh, jamás como una mera descripción conformista. Más bien como una descripción indignada.
¿Ése será mi destino? Sexo: Femenino, Región: América Latina, Profesión: Escritora, Hobbie: Pasarla mal. ¡Me rehuso! ¡Me rebelo! ¡Me disconformo! Pero, ¿cómo combatir al Patriarcado y al Imperialismo en la escritura? Si aunque lo intento -¡y cómo lo intento!-, me reconozco en esa forma de escribir lúgubremente sobre el amor... (Nuevamente descripción indignada)

Alguien por favor que me recomiende lecturas para el verano de mujeres latinoamericanas que la pasen bien...

domingo, 3 de octubre de 2010

Bailás

vos también bailás,
¿sabés?
vos bailás en una
burbuja de resplandor.
y yo quiero bailar
con vos, me gustaría
subirme en
tu burbuja y quedarme ahí
para siempre.
pero el hecho es
que vos bailás murga,
ritmo alegre y movido,
y yo no sé
si es que
no sé bailar movido o
bailar alegre es lo que no sé.
a veces también puede ser
que te pongas a bailar un milongón
y entonces yo tengo que
seguirte tus pasos lentos,
y yo no sé si es que
no sé seguir tus pasos o
bailar murga es lo que no sé.
porque yo bailo tango, melodía lúgubre y gris.
pero que triste y todo, se baila de a dos.
y yo intento, intento
apoyar las manos en el placard
y esbozar algunos ochos desprolijos.
pero se me hace imposible
si no tengo a otro que
me marque el compás y al que
adornarle las figuras.
en cambio en tu baile individual
es muy fácil estar sin mí. cuando
vos bailás murga yo
te miro desde lejos, te
contemplo con distancia, porque es de a uno
y no hay ida y vuelta,
complemento equilibrado,
mutualismo artístico. te
miro desde lejos y ya sé, ya sé que
vos me sacás a bailar porque
intentás incluirme en tu mundo, pero es que
individual,
mutua,
o colectiva,
esa
no es
la danza que yo elijo; tu mundo
no es lo que yo quiero.
insistís
en sacarme a bailar,
cuántas veces te tengo que decir
que yo
no sé bailar murga.




por alguna razón cuando me estaba haciendo unos mates pensando en escribir esto, las palabras sonaban mucho mejor.