martes, 11 de enero de 2011

Un tango errante/errado

"Que decís que un tango errante
no te hace perder la calma"
Celedonio Flores

El paso básico te dice como al oído: uno adelante - derecha - atrás - atrás - cruzo - atrás - izquierda - cierro. El patio sucio y colorido es tu salón. Tu compañero te lleva con un abrazo entre seductor y opresor, te indica el rumbo con sus dedos apretando fuerte un omóplato, una palma o un cachete. Bailan ahora el preciso tiempo que marca el piano. Pero sólo porque él quiere, sólo porque él quiere porque bien sabés que te gustaría estar bailando el bandoneón. Vuelan por tu cabeza las esbeltas figuras que esbozarías sin prisa. Si él quisiera, claro. Pero vos estás ahí porque él decide que te desea y te compra, para que todos los demás puedan verte en su poder, atractiva pero suya en ese dos por cuatro que él elige cómo danzar.

lunes, 10 de enero de 2011

Soy una blogger hecha y derecha

En estos días escribo mucho y muchas pelotudeces. Pero revisando mi carpeta de escritos me di cuenta de que no es nada nuevo. En estos días ando por muchos blogs de personas desconocidas (pero que después de leerlas no lo son tanto), y me los fumo enteritos enteritos. Me metí en la matrix mal y ahora soy una blogger hecha y derecha. Y me di cuenta de que hay muchos tipos de blogs, claro. Y que tiene que ver con la personalidad de cada uno, claro. Pero a mí no me gusta mezclar personalidades, a mí me gustan las identidades definidas, de lo contrario me confundo demasiado.

Así que a falta de poder subir en este blog esas cosas que cuento sin que lleguen a ser cuentos, y como ahora soy una blogger hecha y derecha, decidí mudar los escritos cotidianos a un nuevo blog: http://cuentopersincuentos.blogspot.com
Y en este blog, escúcheme bien señor: ¡no me privo de nada! Voy a cometer herejías tales como subir dos entradas por día, voy a cometer herejías tales como no escribir literatura, o escribir cursilerías, o escribir ficciones que creo realidades. Voy a cometer todas las herejías que se me canten las terlipes, porque eso va en línea con mi "Chau, no va más" y con este nuevo año que comienza con una nueva Yo. Voy a decir las cosas que sé decir y las que no sé decir las diré como pueda. Voy a hablar de cosas lindas y felices, y sin un día me siento a escribir medio triste ¡voy a ser capaz de reírme de la tristeza mientras la escribo!

Pero, A prueba y error, no creas que te abandono, no, ¿cómo te explico...? Voy a usar un ejemplo ilustrativo: A prueba y error es el blog que le pasaría a mi profesora de literatura, mientras que Nada de cuentos es el blog que le pasaría a un pibe que me estoy chamuyando. Creo que es bastante ilustrativo.
Y si no, pensalo como que te traje un hermanito y ya.

domingo, 9 de enero de 2011

De noche cuando me acuesto

me duermo de un solo lado de la cama,
porque en el otro lado
reposa tu ausencia.

sábado, 8 de enero de 2011

Latinoamérica, Poesía y Mujer

¿Por qué será que las poetisas latinoamericanas la pasan tan mal...? Pizarnik, Storni, Vilariño... siempre pasándola mal. Del otro lado, en cambio, podemos encontrar un Galeano, un Benedetti, un Neruda que tiernamente hablen de felicidad. Pero las muchachas, siempre hablando de muerte y fin, de soledad y ahogo. Aunque es cierto, es lógico. La doble opresión se siente en la literatura. La sangre derramada por la Patria Grande se siente en la literatura. Es una curiosa característica del mix género-continente. Pero lo digo indignada, eh, jamás como una mera descripción conformista. Más bien como una descripción indignada.
¿Ése será mi destino? Sexo: Femenino, Región: América Latina, Profesión: Escritora, Hobbie: Pasarla mal. ¡Me rehuso! ¡Me rebelo! ¡Me disconformo! Pero, ¿cómo combatir al Patriarcado y al Imperialismo en la escritura? Si aunque lo intento -¡y cómo lo intento!-, me reconozco en esa forma de escribir lúgubremente sobre el amor... (Nuevamente descripción indignada)

Alguien por favor que me recomiende lecturas para el verano de mujeres latinoamericanas que la pasen bien...

martes, 4 de enero de 2011

Dos niños

Fuimos una niña y un niño que se encontraron un día en la plaza. Y vos me prestaste tu rastrillo para que yo pudiera armar mi castillito, porque te gustaba. Y yo te convidé de mis galletitas, y cuando llegó la última te dejé la tapa con crema y me comí la otra, porque me gustabas. Nos gustamos y nos fuimos a caminar de la mano, y caminamos, caminamos compañerito de parque. Me invitaste a sentarme en un banco y a que me sentara al lado tuyo. Y nos miramos y me diste un piquito, que me gustó. Y entonces empezamos a amarnos. Nos amamos ingenuamente (pero nos amamos), nos deseamos infantilmente (con piquitos nos conformábamos), nos bastaron las curitas de Looney Toones para curar heridas (las pocas que teníamos). Jugábamos en la plaza, pero jugábamos a la mamá y al papá, soñábamos que éramos grandes y que teníamos nuestra propia casa, nuestro propio trabajo, nuestros hijos, nuestro perro; jugamos como niños. Y nos quedamos quién sabe cuántos días -no sabemos contar hasta tanto- en esa plaza que era nuestro lugar, nos perdimos la chocolatada de mamá, nos perdimos de jugar con nuestros otros amiguitos, de ir a hamacarnos solos nos perdimos... ¡pero es que estábamos tan enamorados! Nos alcanzaba con nuestros crayones y nuestros cuadernos, nos regalábamos dibujos y cartitas que sólo decían nuestros nombres, para nosotros eso era el color de la vida.

Un día nos sentamos a jugar al juego de la Oca. Yo caí en el número 15 y perdí un turno. Pero, vaya casualidad, en la siguiente vuelta caíste vos también. Y ambos perdimos el turno. Entonces ya no jugamos más, no nos dibujamos más, no me prestaste más tus juguetes, quizás sólo te fuiste a tomar la leche con tu mamá, pero te fuiste. Y yo me quedé sola en la plaza, en ese pequeño mundo que habíamos inventado para nosotros, donde estaba nuestra arena, donde estaba nuestro sol. En nuestra casa de muñecas me quedé, entre nuestros autitos y peluches me quedé.

Igual ahora estamos jugando a las escondidas, ¿no? Ahora yo te tengo que buscar, te tengo que encontrar, te tengo que ir a picar. Y tengo que salir de la casa, porque bien sabemos que no vale perrito guardián. Tengo que salir a caminar y buscarte, pero sé que te voy a encontrar. Y vos vas a salir de tu escondite (de paso, ¡qué buen escondite te fabricaste, que me costó tanto descubrirlo!), vas a salir y me vas a volver a buscar, te vas a enojar un poco porque te voy a haber encontrado pero lo mismo te vas a reír, con esos dientes de leche te vas a reír, a carcajadas te vas a reír y me vas a contagiar con tu risa, me vas a venir a buscar y nos vamos a abrazar y un piquito quizás te voy a dar. Y entonces vamos a volver a jugar a ese juego de la Oca que quedó inconcluso, porque perdimos un turno nada más, che. Y entonces vamos a caer ambos en el número 33, y el número 33 indica que tenemos que volver a empezar, y dá bronca tener que volver a empezar porque ya habíamos llegado al casillero ¡33! (ese número es muy grande, ¿no?), pero habrá que volver a empezar desde el principio. Pero todo eso va a pasar, ¿no?, porque a fin de cuentas ahora estamos jugando a las escondidas porque vos te encaprichaste nomás, pero ya vamos a volver a terminar el juego de la Oca que empezamos. Mi mamá dice que cuando uno saca un juguete después lo tiene que guardar, y eso es cierto, porque ahora están todas las fichitas tiradas por el pasto del parque, todo desordenado y eso no está bien... ¡mirá si se me pierde una fichita! A vos no te importa, claro, pero a mí sí, porque es mío el juego de la Oca que te presté para que jugáramos un rato juntos. No podemos dejar las fichitas tiradas por ahí, ¡tenemos que seguir jugando! Y quién te dice, en una de esas, ahora que nos toca empezar desde la Salida, podamos dejar de ser una niña y un niño que juegan a ser grandes.

De lejos te veo llorar, ¿por qué llorás? ¿Te lastimaste? ¿Te lastimé...? ¿Perdiste el soldadito que te había regalado tu papá? ¿Llorás porque me perdiste? Fijate bien, ¡estoy acá! ¡Te estoy buscando! ¡Te estoy esperando! ¿Llorás porque te encontré y vos te querías esconder para siempre? Pero los juegos nunca duran para siempre... ¿Llorás porque no es para siempre? Cuando seamos grandes también vamos a poder jugar, ¿eh? Te lo prometo. Pero decime, compañerito de plaza, ¿por qué es que llorás?